Último vídeo de NATURALEZA
- Los buitres leonados reconquistan los cortados del sureste español (5 estrellas)
- Las plantas, un arma para 'limpiar' Sierra Minera (5 estrellas)
- Perros de 'usar y tirar' (5 estrellas)
- La orquídea amplía reinado (5 estrellas)
- El enigmático caballito (5 estrellas)
| Cabárceno, un Arca de Noé en Cantabria |
| 12.10.10 - FERNANDO PASTRANO | |||
|
Desde la antigüedad, reyes y grandes mandatarios de todos los países han sentido atracción por la posesión de animales exóticos. En Mesopotamia, Egipto y China aparecieron los primeros zoológicos de los que se tienen registros históricos. Cuando Hernán Cortés llegó a México en el siglo XVI se quedó maravillado por la colección de animales exóticos del emperador Moctezuma. Pero aquellos no eran parques zoológicos como hoy los conocemos. Los primeros zoos modernos nacieron hace más de 200 años con la Casa Imperial de Fieras de Viena inaugurada en 1765, la Casa de Fieras del Parque del Retiro de Madrid, fundada por Carlos III hacia 1770, y el Zoo de París abierto en 1793. De estos antiguos zoos que parecían cárceles con barrotes se pasó a espacios más abiertos, separados de los visitantes por amplias zanjas y fosos con agua que los animales no podían saltar. Entre éstos destaca el Zoo de Madrid, que en su inauguración, en 1972, supuso un gran avance. Pero todavía sobraba mucho hormigón. Últimamente se ha avanzado nuevamente en el concepto de lugar para la contemplación de animales y los parques zoológicos se han convertido en recintos perfectamente adaptados al entorno natural en el que las «fieras» viven en semilibertad y en gran medida se interrelacionan con los visitantes humanos. El Parque de la Naturaleza de Cabárceno es un ejemplo pionero en España, que ha sido seguido por los Terra Natura de Benidorm y Murcia, o los Bioparc de Valencia y Fuengirola. Situado a diecisiete kilómetros de Santander y con una superficie de 750 hectáreas (equivalente a 750 campos de fútbol), Cabárceno es el resultado de una inversión superior a los 5.000 millones de pesetas (más de 30 millones de euros), que acoge en aparente libertad a un millar de animales representantes de 112 especies. Una auténtica Arca de Noé con elefantes, tigres, osos, leones, jaguares, rinocerontes, jirafas, búfalos, hipopótamos, gorilas... Y aunque la fauna sea lo más importante de Cabárceno, no es lo único interesante. El escenario en el que se mueven los animales, en el que predominan los verdes de la vegetación y los ocres rojizos de la tierra caliza, merecería por sí mismo nuestra visita. Ricos yacimientos de hierro atrajeron a los romanos, lo que hizo que Cabárceno fuera durante mucho tiempo una mina al aire libre, y la actividad minera ha forjado su actual configuración. Hoy, los antiguos caminos mineros, convenientemente asfaltados, constituyen una red de 27 kilómetros por los que los visitantes pueden desplazarse en automóvil o bicicleta. También hay senderos de tierra para los caminantes que prefieran contemplar más de cerca este paisaje kárstico situado en la zona occidental del macizo de Peña Cabarga, desde cuya cúspide se tiene una vista privilegiada de la bahía de Santander. El Parque de Cabárceno fue inaugurado en junio de 1990. Los trabajos de acondicionamiento del terreno empezaron en 1989. En un año se removieron cientos de metros cúbicos de tierra; se sellaron simas de cuarenta metros de profundidad, que habían sido horadadas para la extracción del hierro; se recuperaron calzadas medievales y romanas; se adaptaron caminos; se construyeron cabañas y guaridas para los animales; se sembraron gramíneas y se repoblaron forestalmente grandes extensiones . Frente a los parques zoológicos al uso, Cabárceno se caracteriza por los grandes espacios que tienen los animales para desenvolverse a sus anchas, lo que también permite a los visitantes contemplarlos en un entorno más natural, sin interferir considerablemente en su vida cotidiana. Los humanos podemos observarlos a relativa poca distancia y desde diferentes puntos. Un referente en la cría La proximidad de visitantes y animales está resguardada por una rigurosa seguridad con barreras a menudo invisibles que no inmovilizan a las especies albergadas y, a la vez, permiten esa sensación única de tenerlos al alcance de la mano. Las instalaciones se complementan con varios lagos en los que se puede practicar la pesca de truchas arco iris, un reptilarium con una interesante colección de serpientes, un aula de educación ambiental, demostración de las habilidades de leones marinos y de la técnica de vuelo de rapaces, miradores panorámicos, parque infantil, complejo hostelero con dos restaurantes, aparcamiento, tiendas de recuerdos, etc. El parque también cuenta con un ambiciosos programa de recuperación de especies amenazadas del que merece destacarse que ha conseguido el nacimiento de crías de la mayoría de las especies allí representadas, especialmente osos (para repoblar la Cordillera Cantábrica), jirafas, tigres, jaguares, y sobre todo, trece elefantes africanos. Todo ello ha convertido a Cabárceno en un referente mundial de la reproducción de animales en cautividad. ![]()
|








