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| Tesoros sin descubrir en Eslovenia |
| 25.05.10 - J. CARRIÓN | |||
![]() La iglesia de Santa María sobre isla del lago Bled, al pie de los Alpes Julianos, protagoniza el paraje más bello del país. :: HRVOJE POLAN Avista de pájaro Eslovenia es una gran mancha verde entre Italia, Austria y Croacia gracias a sus casi dos terceras partes de masa forestal. Ya en la superficie su belleza asombra aun más por sus lagos cristalinos y los imponentes Alpes Julianos que se pierden entre las nubes. Eslovenia ofrece al visitante una naturaleza única, casi virgen, y nada masificada. Comenzando por los Alpes Julianos en el límite con Austria e Italia, donde el Parque Nacional de Triglav sorprende por sus cascadas y por la montaña más alta del país, el Triglav de 2.864 metros de altura, un icono nacional (incluso de su bandera), pues se dice que todo esloveno debe ascenderlo al menos una vez en su vida. El parque se convirtió en 1924 en la primera zona protegida de Eslovenia y constituye un lugar ideal para emprender caminatas, observar la flora y la fauna de la zona (osos y linces incluidos), así como probar algunas delicias como el queso casero, la leche ácida y el «zgance», una masa típica de trigo. Las montañas Spik A unos kilómetros en dirección a la frontera austriaca se encuentra Kranjska Gora. El pueblo, famoso por las hazañas de esquiadores históricos como Ingemar Stenmark o Alberto Tomba, sitúa sus orígenes en el siglo XIV cuando sus habitantes comenzaron la tala de bosques y se convirtieron en granjeros y pastores de ganado vacuno y ovino. Hoy, Kranjska Gora es un centro vacacional con un protagonista espectacular: las montañas Spik, un grupo de picos afilados que alcanzan los 2.200 metros con unas paredes empinadas que ponen a prueba al más experto montañero. Treinta y ocho kilómetros separan a Bled, la joya turística de esta región, de Kranjska Gora. Bled logró su fama en 1855 cuando el doctor suizo Arnold Rikli inauguró un balneario especializado en curas de sol y tratamientos termales y en la actualidad es la postal más típica de este pequeño estado centroeuropeo por su castillo medieval, el más antiguo que se puede encontrar en Eslovenia, y por su lago de aguas cristalinas y de origen glaciar. Casi en el centro del lago se levanta un islote coronado por el campanario de la Iglesia de Santa María de la Asunción que se eleva 60 metros. Oficialmente se trata de la única isla del país , que también tiene una zona costera de 48 kilómetros. Ir en barca de remos («pletna») o a nado hasta el conjunto monástico de la isla es ya una tradición entre las parejas eslovenas. Las que se van a casar porque supone una firme promesa de fortaleza y seguridad de cara a su inminente matrimonio y las no comprometidas porque resulta un desafío a superar. En todos los casos el novio sube en brazos a su chica o prometida y asciende por la monumental escalinata de 99 escalones. Una vez dentro de la iglesia tocan la campana principal tres veces seguidas para pedir un deseo que, según los fieles, acabará cumpliéndose. Las barcazas y los botes de alquiler se pueden alquilar por unos 12 euros en los embarcaderos de los hoteles. Uno de ellos, Vila Bled, el más histórico, fue residencia del Mariscal Tito y goza de una excelente ubicación (hay que tomarse un café o una cerveza desde la Terraza Belvedere aunque solo sea por divisar la panorámica del lago). En su interior, donde se respira una atmósfera de los años cincuenta, destaca su distribución: dispone de más suites, veinticuatro, que habitaciones standard, sólo siete y algunas de ellas tienen objetos originales de la época del presidente yugoslavo. Desde hace veinte años ya no reside nadie en la isla. Hoy un pequeño restaurante y una tienda de regalos concentran a los turistas que disfrutan de una panorámica grandiosa de este hermoso lago, cuyas aguas en verano alcanzan los 25 grados y que se congelan en invierno cuando la temperatura marca -20º (en 2007 se heló por última vez toda la superficie del lago para deleite de los patinadores). En verano el lago está salpicado de nadadores que disfrutan de sus aguas. La otra visita imprescindible de Bled es la de su castillo, construido sobre la cima de un acantilado de 130 metros de altura, fundamentalmente por sus magníficas vistas desde la terraza. Como si la fortaleza estuviera sacada de un cuento infantil, el turista puede sorprenderse con la visita a la imprenta, copia de la original de Gutenberg, la capilla o a la bodega medieval. Sólo hay que recorrer 50 kilómetros para llegar a Liubliana. La capital eslovena brilla como ciudad muy viva y moderna, de gran ambiente por sus terrazas y restaurantes, y goza de un cuidado casco viejo, presidido por su castillo, que conserva todavía un espíritu medieval en los barrios de Krakovo y Trnovo. Vale la pena visitar el mercado central con su columnata neoclásica que ofrece todo tipo de alimentos eslovenos, ropa, bisutería y artesanía. Se alarga por el río Liublianica desde el Triple Puente hasta el de los Dragones (1900), un original ejemplo de Art Noveau en la ciudad, y se une todos los sábados al mercado callejero de frutas y flores, todo un espectáculo de gentes y productos del país. ![]()
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