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| 06.02.09 - LA VERDAD | |||
CÓMO IR, COMER...El río Segura brota a 1412 metros de altitud, y al llegar al estrecho de Palotares, anticipo de la garganta del Cenajo, ya ha recorrido 130 kilómetros, a veces caudaloso, a veces sesteando en los remansos. Nace en Pontones y muere en Guardamar tras un recorrido de 348 kilómetros; es un decir, pues las aguas del río al que los romanos llamaron Teodorus «no van a dar a la mar, que es el morir». Exhala su último suspiro en los drenajes y retornos de los riegos de la vega baja, agua de elevada salinidad. La poca que llega va al antiguo meandro y a la presa de San Antonio, un azud que desvía el agua a Riegos de Levante. Sólo en caso de riada saldría por el cauce principal. Localizado en el estrecho de la Herradura -línea divisoria de Murcia y Albacete- el Cenajo abarca una cuenca receptora de 1.430 kilómetros cuadrados, una capacidad de 472 millones de metros cúbicos, 950 metros cúbicos por segundo de desagüe y una altura de presa de 84 metros. Se emplearon 500.000 metros cúbicos de hormigón, trabajaron 7.747 obreros -la mayoría presos políticos que redimieron parte de su condena- y el importe final ascendió a 450 millones de pesetas. El Cenajo lo inauguró Franco en 1963. Da testimonio una placa destartalada en la margen derecha de la presa: «Este embalse del Cenajo lo mandó construir Francisco Franco, Caudillo de España. Dominó con éllas aguas turbulentas del río Segura para que fecundizaran apaciblemente unas tierras ubérrimas. Redimió a los hombres que las trabajan del milenario temor de las inundaciones y de la sequía». El anteproyecto del pantano se elaboró en 1928, pero su inauguración se postergó 35 años después a causa de la inestabilidad político-económica del país. Indalecio Prieto, ministro de Obras Públicas, incluyó en 1933 la edificación del Cenajo en la nueva política hidráulica, y cuatro años después, en plena guerra civil, se iniciaron las obras de acceso. Por fin, en 1942, Franco aprobó el proyecto del ingeniero valenciano Rafael Couchoud, motivo por el que se nombró a la Virgen de los Desamparados, patrona del embalse. Vía romana Cuando el pantano pierde nivel, es posible ver el puente romano de la Alcantarilla de Jover, una aldea de Férez anegada por las aguas obligada a la emigración de los vecinos que vivían de la vega del Segura. En la otra margen se distingue una vía romana que unía el valle de Benizar y Moratalla con Socovos, Isso y Hellín. A lo largo de la vía se cruzaba el río Segura y su afluente el Mundo, razón por la que los romanos levantaron varios puentes sobre el río, separados unos 300 metros, de los que todavía son visibles los dos de Isso, si bien fueron objeto de modificaciones en el siglo XVII. Están en el camino de Hellín al Cenajo, entre Isso y el cruce de la carretera a Riópar con la del pantano, junto al puente que cruza el Mundo. Un verdor hilado acompaña las aguas bajo el pequeño bosque de ribera donde habita el galápago, la tortuga mora y el martín pescador, testigos de una fauna de ribera amenazada. No obstante, a medida que los humanos se alejan de los núcleos de población, la fauna y la flora silvestre ganan los territorios perdidos a través de senderos y caminos de herradura. Al llegar al complejo del Cenajo una carretera nos conduce hasta el pie de la presa. Pasado el río se asciende por ella hasta el túnel que desemboca en la corona de la presa. Los 84 metros de altura proporcionan una relajante panorámica del hotel, el río y el color verde mar de la superficie que es consecuencia de las algas y de la profundidad del agua embalsada. La cercanía del pantano ha convertido esta zona en un punto de referencia para actividades acuáticas y deportivas. Rutas de senderismo parten también de aquí para gozar del silencio del entorno. Los monitores sugieren varios itinerarios, pero basta con perderse por las frondosas riberas del Segura, especialmente si amarillea el bosque de choperas. Y es que la belleza requiere su tiempo, el aire está limpio y sólo se oye el murmullo del río. El hotel es punto de partida de rutas para todas las edades. Una de ellas proporciona vistas de la cruz, la presa y el hotel Cenajo. La distancia es de 2.500 metros y el recorrido a pie o en bicicleta se hace por un camino asfaltado. Otra posibilidad es seguir la pista forestal hasta la piscifactoría, paralela al cauce del río (ocho kilómetros), el único coto de pesca intensivo de la Región de Murcia. A pie, en bicicleta o en automóvil, a lo largo del recorrido puede descansar en dos puntos con sombra, barbacoas e instalaciones para niños. Asimismo, el hotel ofrece amplios espacios para empaparse de naturaleza y disponer de numerosos servicios: piscina cubierta y de adultos e infantil, saunas, gimnasio, tenis, squash, bicicletas de montaña, orientación con brújula, tirolina, escalada, rappel, rutas a caballo, tiro con arco y multiaventura. Declarada zona de especial protección, en torno al pantano es posible observar el vuelo del águila real y perdicera, el halcón peregrino o el gavilán. Haga un alto para sentir la sensación de bienestar. Otro de los placeres es adentrarse en la jardinería topiary del hotel Cenajo, movimiento que estuvo de moda en Europa durante los siglos XVI al XVIII. El renacimiento fue la época gloriosa de estos setos de mirtos, tejos, bojes y abetos evocadores de otros escenarios. Impregnado de romanticismo, la sensualidad es el valor más cotizado en este espacio rebosante de vida, un rincón bañado por las frías y claras aguas del Segura. ![]()
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