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Se han explorado más de 40 kilómetros de galerías
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26.02.10 - J. M. G.
Se han explorado más de 40 kilómetros de galerías

Esta cascada principal alcanza 80 metros de altura. :: j. leal

Cualquier época es propicia para conocer los llamados Chorros del río Mundo, un ameno viaje de hora y media cruzando prados y tierras ocres y rojizas salpicados de pinos de apaisado ramaje, olivos y almendros en flor. El Lago Verde ocupa una gran superficie y hay que cruzarlo con botes neumáticos, ya que en algunos tramos alcanza 20 metros de profundidad.

Frente a la entrada del lago está el acceso a la cascada de Cristal, y más arriba el río Blanco, así nombrado por el color que toman las acumulaciones de carbonato cálcico depositadas en su fondo, en contraste con las negras paredes por las que discurre.

La gran sala Cornelio Ricard tiene más de 150 metros de largo por 60 metros de altura, y en ella confluyen el río Mundo, el Petit Río y el acceso a las galerías superiores.

La caída de la cascada Rosa supera los cuatro metros y sus paredes se elevan a 20 metros (los sifones convierten esta ascensión en peligrosa por lo resbaladizo de la roca). Tras ella se encuentra la sala de las Perlas, con profusión de estalactitas y otras formaciones de gran belleza. Para llegar al Lago Verde es necesario atravesar la Colada y la galería del Negro, excavada en rocas dolomíticas de paredes negras y punzantes. Durante las imprevisibles avalanchas del río -el popularmente llamado 'reventón'-, los espeleólogos asumen el riesgo mortal de que este tramo quede cubierto por el agua.

En el exterior, el único riesgo del visitante es el de coger un resfriado. Conviene llevar ropa de abrigo y botas de montaña o de agua para cruzar al otro lado del río. El agua es el principal protagonista. Brota de los numerosos manantiales de la zona, discurre alegre y cantarina por los arroyos y los márgenes de la carretera. La que mana de la Fuente de la Plata, a la izquierda de la carretera, poco antes de llegar a Riópar, es exquisita.

El Mundo, el gran afluente del Segura, siempre fue un río truchero; lo confirma su condición de río montano, la piscifactoria y los cotos intensivos próximos, las asociaciones de pescadores deportivos y la toponomia. Los últimos grandes osos castellano manchegos vivieron hasta los siglos XVII y XVIII, en el calar de la Osera, en la vecina sierra del Agua. Además, la posibilidad de ver las pinturas rupestres y el Tolmo de Minateda.

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