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| Cortados del Caramucel |
| 26.12.09 - JOSÉ MARÍA GALIANA | |||
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En las cimas hay una mancha de carrascal autóctono, sabinas, enebros, lentiscos y madroños, logotipo de la Sierra de La Pila SIERRA DE LA PILA Antonio Gómez Cano, uno de los pintores más auténticos y menos recordado de Murcia, subía a La Pila a pintar esta sierra prebética de impresionante riqueza florística que atesora 470 especies vegetales, algunas de las cuales sólo se localizan en el Sureste ibérico. Otro amante de la montaña, Blas Rubio, profesor, sube cada año con sus alumnos para imbuirles el amor a la naturaleza. Desde el área de acampada de Fuente la Higuera salen caminos y senderos que recorren el parque regional Sierra de La Pila (8.836 hectáreas) y es uno de los espacios menos visitados de la Región de Murcia, sobre todo por la vertiente oeste, coronada por el Caramucel (1.025 metros). Abrigo de rapaces, se ven desde la carretera que enlaza El Rellano y la estación de Blanca, sobre los cultivos que verdean la cañada Bazamba. Una vez en la cumbre se divisa buena parte de la geografía regional: al norte, el Altiplano y la sierra del Carche; al oeste, las azules cresterías de Moratalla, el Almorchón y el valle de Ricote; al sur, la vega del Segura, Carrascoy, El Valle y el Mediterráneo; y al Este, las tierras sedientas de Fortuna. El Boquerón, caserío habitado por tres familias, sale al paso de la carretera que bordea la vertiente norte de la sierra, a 6 kilómetros de la carretera de Jumilla y a diez de la Estación de Blanca. En las inmediaciones nace una pista forestal que muere a un centenar de metros del carrascal y recorre la umbría occidental de La Pila. En los primeros repechos verdea un sotobosque de atochas, romeros, tomillos, jaras y enebros. Camuflado entre el pinar, verá alguno de los trece bebederos que se instalaron para que beba el gato montés, la garduña, la perdiz, el conejo y el jabalí. Con las últimas nieves reluce el pinar, y en el paraje del Boticario, pasada la cruz de la Borrega, se ven las primeras carrascas y madroños. A la izquierda se goza de una emocionante panorámica: los paredes rojizas del Caramucel, superadas en la lejanía por el Pico de los Cenajos (1231 metros). Desde la cara norte, en un claro del pinar, se alcanza un vasto paisaje: la garita de Santa Ana, en Jumilla, un lienzo campesino surcado por el acuífero de Sopalmo y el Carche, otra sierra que emociona al caminante. El carrascal del Caramucel, calificado de alto valor natural, está achaparrado por la altura, el viento, la tierra pedregosa, el suelo calizo y el pinar que impiden su crecimiento. En la línea de cumbres hay un mojón que divide los términos de Blanca y Abarán, y cerca un puesto de reclamo de la perdiz. La vista es muy hermosa, al sur el perfil de la sierra del Águila, y al este el collado que separa el pico de los Cenajos de La Pila, donde se halla la estación meteorológica. Diversidad de flora Inventariados seis tipos de hábitats de interés comunitario, en La Pila hay numerososos endemismos exclusivos y 14 especies protegidas a nivel regional. El 10% de las especies de flora conocidas en la Península ibérica se dan cita en este macizo montañoso en cuyas estribaciones, sobre antiguas terrazas de viñedos, salen al paso breves manchas de olivos y de almendros, cultivos tradicionales en vías de extinción de los que se alimentan conejos y roedores. A la chova piquirroja, una especie de grajilla de patas y pico rojo, fino, largo y curvado, se debe la declaración de ZEPA (zona especial de protección de aves) en el interior del parque. Entre siete y diez mil se cifra el número de ejemplares en España. En una sierra abrupta y solitaria, es lógico que las rapaces formen el grupo más relevante con la presencia del halcón peregrino, el cárabo, el azor, el búho real y las águilas real y perdicera. Destacada por su interés geomorfológico, tectónico y paleontológico, diversidad florística y ambiental, esparcidas por las quebradas de la sierra de La Pila hay viejas canteras de ágata, fósiles marinos, un madroño de cinco metros en el barranco de los Madroñales, fuentes, cuevas, simas y los cortados del Caramucel que domina todo el valle del Segura. En la legendaria Cueva Negra, abrigo natural en cuyas paredes se conservan inscripciones de época romana. Esparcidas por las quebradas hay viejas canteras de ágata, fósiles marinos, carrascales de alto interés natural en la umbría del Caramucel, un madroño de cinco metros en el barranco de los Madrilales, numerosas fuentes, cuevas, simas, rutas de senderismo, cicloturismo y, para no ser menos, la leyenda de una encantada a la que se vio en un aprisco de la fuente de la Vereda; una bella mujer de pelo rubio que mesaba su cabello con un peine de oro. ![]()
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