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Modernismo y puente entre dos continentes
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22.06.10 - LUIS DE VEGA
Modernismo y puente entre dos continentesMelilla ofrece fascinantes postales urbanas, como la ruta del modernismo o la de los templos, al igual que excelentes playas

La impresionante parte vieja de la ciudad recuerda su pasado como baluarte castellano -y después español- en el Magreb. :: LA VERDAD

Melilla sigue insinuándose como puerta de África a quienes la miran perplejos pero inquietos desde la orilla de enfrente, paralizados a menudo más por el miedo a lo desconocido que por la distancia. Es cierto que la extrapeninsularidad de la ciudad sigue siendo una alta valla que han de superar los españoles que quieran visitarla, pero también es verdad que muchos se sorprenden una vez realizado el salto.

Ante algunos de esos neófitos, los locales suelen soportar con educada discreción frases como «acabamos de llegar de España» que sueltan sin maldad los recién aterrizados en el aeropuerto -que el año pasado cumplió sus cuarenta años- o los llegados en ferry desde Málaga o Almería. Algo parecido ocurre en Canarias. Son gajes de la extrapeninsularidad que marca el devenir de la Ciudad Autónoma.

Pero esa situación geográfica se convierte en un tesoro para sus propios habitantes y para los que se decidan a cruzar el 'pequeño charco' del mar de Alborán.

Pocas ciudades pueden presumir de ofrecer en un paseo de pocos metros templos de cuatro creencias religiosas distintas: cristiana, musulmana, hebrea e hindú.

Esa «ruta de los templos» va unida a la necesidad de convivencia entre una auténtica macedonia de ciudadanos, especialmente los musulmanes y los cristianos, que conforman la más amplia mayoría. Difícil aquí etiquetar las nacionalidades con un dios determinado.

Unida a esa trayectoria de diversidad cultural y de credos se orientan algunas de las próximas actuaciones con las que atraer nuevos visitantes.

Se trata del Museo Sefardita, el Museo Bereber-Amazigh o el Museo de Arqueología e Historia. Un museo al aire libre en sí mismo es Melilla 'La Vieja' con su entramado de recintos amurallados y fosos asomados al mar.

A esa ruta de los templos se puede unir la ruta del modernismo, que dejó en la ciudad excelentes ejemplos de esa arquitectura desde las primeras décadas del siglo XX y que, quizás, es lo primero que sorprende al viajero que se adentra por las calles del centro. Los nombres de Emilio Alzugaray -ingeniero militar que hizo un alto en su carrera para impulsar la nueva Melilla- o Enrique Nieto y Nieto -discípulo de Gaudí que, partiendo del modernismo, evolucionó hacia el 'art decó'- van unidos a la creación del ensanche melillense.

El ritmo de construcción en Melilla en las primeras décadas del pasado siglo fue vertiginoso. Todos, burguesía y clases humildes, querían participar de esta corriente arquitectónica venida de Cataluña que, a través del color y las ricas ornamentaciones, lograba edificios singulares que destacaban por su particular belleza. El academicismo de Emilio Alzugaray, la inmaculada geometría de Manuel Rivera o la libertad creativa de Enrique Nieto se conjugaban en un mismo espacio. Francisco Hernanz, por su parte, llegó a materializar hasta 142 edificios de depurado (y envidiable) estilo 'art-decó' en la ciudad.

Para los más interesados y constantes en los reducidos permisos de visita que otorgan las autoridades españolas, las islas Chafarinas, el Peñón de Alhucemas y el Peñón de Vélez de la Gomera son tres enclaves no lejos de Melilla que bien valen una aventura.

Hay, si no, la opción de verlos desde el lado marroquí una vez atravesada la frontera. El Peñón de Vélez de la Gomera celebró en 2008 los 500 años de presencia española. Merece una «visita» desde el pueblo de Bades, antigua urbe comercial venida a casi nada, pero de playa preciosa y ajena a la 'guerra de toallas' porque apenas cuenta con bañistas.

Junto a Alhucemas, una de las ciudades del norte de Marruecos que más sabor guarda del antiguo protectorado español hasta 1956, se halla la playa de Sfiha. Aquí sí que con el buen tiempo llegan miles de personas a remojarse delante del Peñón de Alhucemas con los chiringuitos como mirador.

Hacia el este por la carretera de Uxda y Berkane, a algo más de una hora partiendo desde Melilla, aparece en el horizonte marino el archipiélago de las Chafarinas. La localidad marroquí de Ras el Ma es un buen punto para contemplarlas. No lejos de allí, la playa de Saidía, en la frontera ya con Argelia, es el mejor ejemplo de que el ladrillo se expande a sus anchas ante el grito horrorizado del movimiento ecologista.

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