Último vídeo de NATURALEZA
- Los buitres leonados reconquistan los cortados del sureste español (5 estrellas)
- Las plantas, un arma para 'limpiar' Sierra Minera (5 estrellas)
- Perros de 'usar y tirar' (5 estrellas)
- La orquídea amplía reinado (5 estrellas)
- El enigmático caballito (5 estrellas)
Enlaces de interés
| Galápagos: animales no domésticos |
| 16.04.10 - FERNANDO PASTRANO | |||
|
En Puerto Baquerizo Moreno está terminantemente prohibido llevar perros sueltos. En esta pequeña población capital de la provincia de Galápagos, Ecuador, los animales salvajes (mejor sería decir los no domésticos) campan por su respetos, libremente, pacíficamente. Aves, iguanas y especialmente los lobos marinos se mueven a sus anchas entre el puerto y las casas. Nadie les molesta y ellos no molestan a nadie. Sin duda lo que más impresiona al viajero es la bonhomía de esta fauna amable que le rodea, su «extraordinaria mansedumbre» que la hace aparecer como domesticada, cuando en realidad se trata de una ausencia de miedo, y por lo tanto de agresividad. Situado a casi mil kilómetros de la costa de Guayaquil, el archipiélago está formado por 13 grandes islas volcánicas -sólo cuatro de ellas habitadas: San Cristóbal, Santa Cruz, Isabela y Floreana-, 6 más pequeñas y 107 islotes o simples rocas, que cubren una extensión de 8.000 km² en torno a la línea del ecuador terrestre que aquí, para no confundirla con el nombre del país, llaman «la Mitad del Mundo». La más antigua de las islas (San Cristóbal, la más oriental) se formó hace más de cinco millones de años debido a la actividad volcánica, y las más recientes y occidentales (Fernandina e Isabela) están todavía en proceso de formación. La última erupción volcánica se produjo allí el año pasado. El turismo, base de la economía local, da vida al archipiélago, pero también puede acabar con él. En los últimos veinte años, el número de visitantes se ha cuadruplicado, llegando en 2008 a los 190.000. Sólo 70.000 turistas La directora general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), Julia Marton-Lefèvre, opina que «Galápagos solo puede soportar 70.000 visitantes al año», y, si para atender a los turistas, los habitantes humanos del archipiélago han pasado de 4.000 en los años 60 a los 18.640 censados en 2004, se comprenderá fácilmente que la situación es insostenible. Todo empezó, como tantas veces, por casualidad, cuando en 1535 el barco en el que viajaba al Perú Fray Tomás de Berlanga, obispo de Panamá, se desvió yendo a parar a lo que consideró un infierno en la tierra. Seguramente inducido por el paisaje volcánico y el aspecto atrabiliario de las iguanas, el obispo maldijo a esas islas que fueron rehuidas. No fue hasta 1570 cuando aparecieron por primera vez en un mapa del flamenco Abraham Ortelius con el nombre de «Insulae de los Galopegos» (Isla de los Galápagos). Ecuador anexó las islas Galápagos el 12 de febrero de 1832 bajo el gobierno del General Juan José Flores, bautizándolas como Archipiélago de Colón. Este nombre se sumó a varios otros que se habían venido utilizando, y que en algunos casos aún se usan para referirse al archipiélago. El primer gobernador de las Galápagos, el general José de Villamil, trajo al archipiélago a un grupo de convictos para poblar la isla Floreana (bautizada así en honor al presidente Flores quien ocupó las islas) y en octubre de 1832 algunos artesanos y granjeros se les unieron. La visita del 'Beagle' Pero la fama de las islas aún estaba por llegar. El 15 de septiembre de 1835, un barco británico con la misión de cartografiar las costas de América del Sur, investigar los accesos a los puertos y establecer relaciones comerciales con la Provincias Unidas del Río de la Plata (Argentina), llegó a la isla de San Cristóbal. El capitán, Robert Fitzroy, y otros a bordo, incluyendo el joven naturalista Charles Darwin, realizaron un estudio científico de la geología y biología en cuatro de las islas antes de continuar su expedición alrededor del mundo el 20 de octubre. El gobernador de la colonia de presos en Floreana comentó a Darwin que la caparazón de las tortugas difería dependiendo de su isla de origen. Igualmente, luego de su retorno a Inglaterra, Darwin se dio cuenta que los especímenes de aves que había capturado en las Galápagos no eran sino variedades de pinzones, que también diferían de isla a isla. Estos datos fueron cruciales en el desarrollo de la teoría de la evolución que Darwin presentó en su libro 'El origen de las especies', tras cuya publicación en 1859 la Historia cambió para siempre. De las 7.214 especies de animales identificadas en las Galápagos, el 31 por ciento son endémicas. Entre las más importantes destacan las tortugas que han dado nombre al archipiélago. Cuando Tomás de Berlanga llegó en el siglo XVI, se calcula que había medio millón de tortugas gigantes. Hoy quedan entre 12.000 y 15.000. Las iguanas puede que sean los animales que más sorprenden al visitante, especialmente las marinas, por su aspecto feroz. Nada más lejos de la realidad. Los lobos marinos se diferencian de las focas en que estos tienen orejas. Abundan en las Galápagos y son tan dóciles que comparten las playas con los bañistas. El pingüino de las Galápagos es de tamaño pequeño y le gusta nadar en aguas profundas. Entre una gran variedad de aves cabe citar a los piqueros de patas azules o alcatraces, tijeretas o fragatas, albatros, y pelícanos. Sin olvidarnos de los pinzones, diferentes en cada isla, aunque estudios recientes aseguran que no fueron ellos los que inspiraron a Darwin su teoría evolucionista, sino los sinsontes, también conocidos como 'burlones'. ![]()
|







