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| Los buitres leonados reconquistan los cortados del sureste español |
| 08.11.11 - PEPA GARCÍA | |||
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Las normativas autonómicas que prohíben dejar ganado extensivo muerto en el monte, la gestión de muladares y los fármacos de uso veterinario son hoy las amenazas para esta especie protegida ![]() Un buitre leonado planea sobre las tierras del noroeste de la Región de Murcia. :: ALONSO TORRENTE RODRÍGUEZ Observar el majestuoso y elegante planear de los buitres leonados ('Gyps fulvus') sobre los cortados del noroeste murciano, la alicantina Sierra de Mariola o la albacetense Sierra de Alcaraz ya no es un hecho insólito. Cuando en 1995 se aprobó el Catálogo Regional de Especies Amenazadas, en la ley de Fauna Silvestre de la Región de Murcia, el buitre leonado se incluyó como una especie extinguida. La misma situación vivían entonces las provincias de Albacete y Alicante. Hoy, dieciséis años después, si se revisara el citado catálogo habría que incluirla como «vulnerable o no amenazada». Quien esto afirma es Emilio Aledo, técnico de Fauna de la Dirección General de Medio Ambiente, que asegura, en función de los censos que se realizan cada año desde 2003, que actualmente «la población de buitres leonados de la Región de Murcia es estable y muy saludable». De hecho, según los datos de que dispone, en los últimos ocho años el número de buitres que habitan y nidifican en los cortados del noroeste de la Región de Murcia (Moratalla, Caravaca de la Cruz y las sierras altas de Lorca) se ha duplicado -de 140 individuos se ha pasado a 278, de 29 parejas a 80 y de 21 pollos nacidos en 2003 a 67, este mismo año- y «cada vez aparecen nuevos territorios ocupados», explica. La evolución ha sido igual de favorable en la provincia limítrofe de Alicante, donde no había localizado ningún buitre leonado hasta el censo nacional de 2008, el último realizado por SEO/BirdLife, en el que se han detectado 17 parejas de buitres leonados nidificantes, «resultado del 'Projecte Canyet' de reintroducción iniciado en el año 2000 por la ong FAPAS-Alcoi, que se ubican en el 'Barranc del Cint', dentro de los límites del Parque Natural de la Serra de Mariola», afirma el censo. Y también en la de Albacete, donde en 2006 se detectaron las primeras buitreras ocupadas por parejas de estas aves necrófagas y cuyo número ascendía en el censo de 2008 a 38 parejas, que han establecido su colonia en la cercana sierra de Alcaraz (Yeste), favorecidos por los programas de reintroducción y por la puesta en marcha del muladar de Nerpio en el pico Mingarnao, incluido dentro del programa municipal y ecoturístico 'Alas para Nerpio'. No en vano, el turismo ornitológico es uno de los más importantes a nivel mundial. Las poblaciones de estas tres provincias se han visto beneficiadas por la activa política ambiental de la comunidad andaluza, donde los programas de reintroducción del buitre leonado, el quebrantahuesos y el alimoche, así como la red de muladares -comederos-, dos de los cuales se encuentran en la próxima sierra de María, han servido para estabilizar las poblaciones de esta zona montañosa que, según los expertos, funcionan como una unidad con las sierras de Cazorla, Segura, las Villas y Castril. «Legislación absurda» Pero, si bien es cierto que el número de estas aves limpiadoras que hoy sobrevuelan los cielos del sureste español es mucho mayor que hace una década, también lo es que sobre este ave protegida se ciernen nuevas amenazas. «En los últimos años empieza a haber otra vez problemas por el reglamento europeo -Reglamento (CE) no 1774/2002- que, a raíz de la epidemia de encefalopatía espongiforme ('mal de las vacas locas') impidió el abandono de los cadáveres de ganado extensivo en el monte. Eso podía tener sentido en Holanda y Bélgica, donde no hay buitres, pero no en España, donde hay mucho ganado extensivo y los buitres se encargan de eliminar de la forma más económica, eficaz, rápida y ecológica los restos de los animales muertos», explica Toni Sánchez Zapata, profesor de Ecología de la Universidad Miguel Hernánde (Elche) y uno de los grandes expertos nacionales en estas aves carroñeras. Para intentar solucionar ese problema, las comunidades autónomas elaboraron sus propias normativas regulando la destrucción de cadáveres a través de empresas especializadas -se incineran- y para crear redes de muladares que solucionaran la falta de recursos alimenticios para los buitres leonados y el resto de especies necrófagas. Sin embargo, tanto los responsables de la Administración como los investigadores coinciden en que los muladares no deben ser el recurso principal de estas aves. «Un muladar puede servir para recuperar una población -como ocurrió en Mojantes- o como un recurso de cara a la sociedad y a la divulgación; pero es inviable que sea el recurso para mantener la población de decenas de miles de buitres que hay en España -el último censo nacional habla de más de 25.000 parejas, lo que supone en 99% de la población europea)», considera Toni Sánchez. Por su parte, Emilio Aledo coincide en este punto y aboga por usar los muladares como «fuente de alimentación suplementaria durante las épocas de cría y estancia de los pollos en el nido (entre marzo y junio)» y explica que, desde la Administración regional, «se planteó realizar un programa, junto al muladar de Mojantes, para acercar los aspectos y valores medioambientales de esta especie a la población», paralizado de momento. Para Sánchez Zapata, «la solución más sencilla -ahora que la UE ha aprobado el nuevo reglamento (UE) No 142/2011 de la Comisión, que permite dejar el ganado muerto de extensivo en el monte, dado que se ha comprobado que no existe ningún riesgo de contagio de la enfermedad por esta vía- sería derogar todas esas normativas autonómicas draconianas para ganaderos y buitres, y que estas necrófagas se alimenten de ese recurso y de los ungulados silvestres que mueren. El problema es que ahora hay todo un negocio enorme en torno a esta cuestión que favorece a veterinarios, empresas incineradoras y ganaderos intensivos (que fueron quienes generaron el problema) y perjudican a los ganaderos que mantienen a sus cabañas de la forma más sana posible, comiendo pasto en el monte. Eso habría que desmontarlo y si se hace, las cosas funcionarán bien», dice el investigador murciano. Sin embargo, de momento la Administración, en el caso de Murcia, no se plantea una vuelta atrás. «En principio no se piensa autorizar de nuevo el abandono de cadáveres de extensivo, aunque ahora no existe riesgo ninguno de transmisión de la enfermedad a la población», afirma Aledo y alega que es una decisión que depende de Sanidad Animal, de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca. Por otra parte, el uso exclusivo de muladares ha generado problemas asociados a la especie, ya que los cadávares que las empresas autorizadas llevan hasta los muladares, procedentes de la ganadería intensiva, «suele estar cargado de productos químicos, sobre todo antiinflamatorios y antibióticos, lo que ha provocado en las poblaciones asociadas a estos comederos problemas físicos relacionados con el consumo de drogas de uso veterinario», alerta Sánchez Zapata en base a una de sus investigaciones recientes. Y explica que en el subcontinente indio, uno de los principales reductos del buitre leonado en el mundo junto a España, ha disminuido la población un 90% asociado a los fármacos veterinarios. Para Emilio Aledo, sin embargo, el problema radica en mantener controladas las poblaciones, ya que si crecen demasiado pueden desplazar a otras especies que utilizan los cortados rocosos como el águila perdicera y real (en el caso de Murcia); o más pequeñas y menos sociales como el águila imperial, el alimoche, el quebrantahuesos o los milanos: «cuando el recurso es menos predecible, es más fácil que especies distintas lo puedan aprovechar», apunta Toni Sánchez Zapata. Otros peligros Este eslabón «importantísimo» de la cadena trófica ,que ofrece un servicio gratuito a la sociedad y que ha servido para evitar epidemias a lo largo de la historia, se enfrenta ahora, paradójicamente en un momento en que la especie se recupera tras su práctica desaparición entre los años 50 y 70 del pasado siglo, a nuevas amenazas. Entre ellas, Sánchez Zapata cita las absurdas políticas sanitarias aplicadas, el abuso de los muladares -tanto por las drogas administradas al ganado intesivo como por el riesgo de desplazar a otras especies rupícolas-, los parques eólicos -«ahora vamos a publicar un artículo sobre su impacto en las aves necrófagas», adelanta Sánchez Zapata- y los venenos -«en los últimos años ha habido un repunte»-. Para Aledo, los principales riesgos son la electrocución -«en los últimos años ha habido muchos casos en la zona de Lorca»- y la desnutrición -«han llegado casos al Centro de Recuperación de Fauna»-. Con los censos anuales que Medio Ambiente realiza desde 2003, la Región de Murcia permanece vigilante ante cualquier cambio, pese a que no desarrolla ningún programa especial, como sí ocurre en las comunidades vecinas, pero los técnicos responsables se muestran optimistas con que otras especies de buitres como el quebrantahuesos y el alimoche (que ya sobrevuelan los cielos del Noroeste, «incluso Sierra Espuña») vuelvan a ocupar pronto los cortados rocosos del sureste español. ![]()
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