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24.04.12 -
LA VERDAD
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Proclives al engaño, las orquídeas usan sus flores como arma de seducción para los insectos: inducen a la pseudocópula a pequeñas abejas -«intentan reproducirse con la orquídea, ignorando que no van a tener éxito», cuenta López Espinosa-; o desarrollan estructuras -espolones- que simulan falsos suministros de néctar azucarado.
Otros engaños garantizan la supervivencia de estas fascinantes plantas que se valen de otros seres vivos. En su evolución, las orquídeas han reducido las semillas a la mínima expresión, diminutas motas de polvo solo identificables vistas al microscopio. Por ello, las orquídeas han tenido que prescindir de las sustancias de reserva fundamentales para la germinación y, para conseguir este objetivo, han tenido que establecer una relación simbiótica muy específica con hongos, como ocurre en la polinización, sin la que la semilla no puede dar origen a un nuevo individuo.
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