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Explota la vegetación acuática de Las Tablas de Daimiel
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18.01.11 - ANÍBAL DE LA BELDAD

El mantenimiento de los niveles de inundación ha permitido que germinen semillas que llevaban lustros resistiendo sobre los lechos resecos del parque natural

Explota la vegetación acuática de Las Tablas de Daimiel

Un guarda realiza trabajos de seguimiento de la vegetanción acuática en el interior del parque. :: BELDAD

L os últimos estudios del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revelan que la vegetación subacuática del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, uno de los indicadores que se estiman para valorar la mejoría del ecosistema húmedo, ha experimentado una recuperación espectacular.

Santos Cirujano, científico del CSIC y uno de los mayores especialistas en el estudio del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, en el corazón de La Mancha, comenta que la llegada del agua al parque nacional ha hecho posible que se regeneren las amplias praderas de ovas (una especie de 'césped' submarino), que cubrían gran parte del lecho inundado del parque nacional.

Explicado que, a pesar de que pueda parecer «sorprendente» la recuperación de la vegetación acuática, no lo es tanto, pues los céspedes subacuáticos de ovas reaccionan como si se tratara de una «explosión» cuando llega el agua.

«En los sedimentos que se encuentran bajo las aguas -indica- hay millones y millones de semillas y propágulos con gran capacidad de resistencia, que germinan rápidamente cuando llega la inundación, como si pensaran que ésta es su oportunidad y la tienen que aprovechar».

La vegetación acuática de Las Tablas de Daimiel está compuesta por distintas especies del género Chara, esencialmente 'Chara hispida' y 'Chara canescens', aunque en el pasado era más rica y variada. No obstante, en los últimos meses se ha observado una magnífica recuperación de estas especies, debido a factores como que los niveles máximos de inundación en el humedal se han alcanzado en una época adecuada para la germinación de semillas y propágulos existentes en los sedimentos.

El mantenimiento de estos niveles de inundación a lo largo del 2010 han permitido que las formaciones subacuáticas completaran su desarrollo. Fundamental en esta recuperación ha sido también la eliminación de una parte importante de la vegetación que había invadido tablas y tablazos. Así, se han extraído 18.000 toneladas de biomasa vegetal que colmataba el vaso del parque en una superficie de 630 hectáreas que, de no llevarse a cabo, se hubiera descompuesto al inundarse el humedal, provocando el notable empeoramiento de la calidad del agua e imposibilitando el desarrollo de las praderas de ovas. También ha influido «el lavado» que se ha producido por la salida del agua por la presa de Puente Navarro, que ha facilitado la eliminación de una parte del exceso de nutrientes y restos vegetales acumulado durante la fase de sequía.

Estos factores han hecho posible que el humedal haya tenido la mayor biomasa de ovas desde que existen datos, con una superficie cubierta por ovas de unas 450 hectáreas de terreno. Cirujano comenta que la recuperación de las praderas de ovas contrasta con la situación de la masiega ('Cladium mariscus'), el macrófito acuático emergente más importante que estaba considerado como el mayor masegar de Europa occidental, antes de que se intentaran desecar Las Tablas de Daimiel a comienzos de los 70.

De ese extenso masegar, que ocupaba el 57,5% de la superficie inundada en 1956, se pasó en 1984 al 29,5% y en la actualidad cubre menos del 8%, lo que pone de manifiesto que la masiega «ha decaído bastante en estos años».

Cirujano cree que los masegares pueden volver a recuperarse pero, en contraposición a la vegetación subacuática, «lo hacen de forma muy lenta», ha precisado el científico, quien considera que se debería analizar y abordar con urgencia este problema. Cirujano recalca que la situación actual del humedal es bastante buena, «sobre todo si se tiene en cuenta que se viene de una situación dramática en la que el parque estaba quemándose y lleno de vegetación propia de barbechos y bordes de caminos».

Y es que el entorno de las tablas ha ido cambiando en los últimos años fruto de la evolución económica de la comarca, que ha llevado a la desaparición de los ricos encinares y pastizales de otros tiempos, en favor de una agricultura de regadío en la que predominan los cereales y viñedos, y que resumen, de un solo golpe de vista, la sobreexplotación del acuífero.

Masieva 'versus' carrizo

En la parte más superficial de los tablares se asienta la citada masiega, especie de hojas afiladas, que prefiere las aguas salobres del Cigüela, por lo que es más fácil encontrarla en la zona norte del parque, donde vierte este río, y en el centro de Las Tablas. Destaca por sus cañas altas y plumeros superiores

Abunda las altas herbáceas como el carrizo ('Phragmites australis'), que en las zonas más hundidas comparte espacio con las eneas ('Typha domingensis'), formando manchas de extensión irregular en la superficie del tablar. El carrizo se adapta con gran facilidad a los cambios ambientales, y tiene gran poder colonizador, por lo que en los últimos años ha ido ganando terreno a la masiega.

También pueden observarse -aunque en menor número- zarzales, rosales silvestres, y juncales (de donde se saca el junco churrero), que junto con la grama común ocupan los suelos húmedos no salinos.

En las zonas más salinas algunas especies se han adaptado a las condiciones extremas de la sequía y encharcamiento, según el período. Entre ellas destacan la sosa (planta de hojas carnosas), el limonium y el albardín (gramínea de buena altura que se reconoce fácilmente por las vainas). El elemento vegetal de mayor interés ecológico es, sin embargo, el de las comunidades acuáticas, que sirve de alimento a las aves y especies acuáticas, además de cobertura a las larvas de los insectos y anfibios. Estas especies vegetales son diferentes dependiendo de la composición mineral de las aguas y de la velocidad de la corriente. Así, en las aguas tranquilas y someras es fácil encontrar praderas de chara, la ova más común.

En las aguas del Guadiana, de mayor corriente, hay otras clases de ovas, y largas madejas de algas. La jopozorra enraiza en el fondo de las aguas remansadas y crece hasta la superficie. Los ranúnculos forman grandes comunidades que en primavera florecen cubriendo de flores blancas la superficie de las lagunas.

La única especia arbórea del interior del parque es el taray, también llamado taraje, o tamarisco. Más que árbol, puede considerarse como un arbusto, debido a su poco porte. Se caracteriza por sus tortuosas ramificaciones, que llegan a enraizar en el suelo.

La fauna piscícola ha sido quizás una de las más afectada como consecuencia de las desecaciones. De inmediato se redujeron visiblemente las poblaciones de carpas, barbos y lucios. Igual suerte corrieron los anfibios. Sobre todo, para los gallipatos, tritones y salamandras, diezmando en un primer lugar por el lucio y después por el cangrejo americano, verdadero azote de las aguas encharcadizas.

La abundancia de la fauna acuática permite la presencia de algunas especies de mamíferos, como la nutria o la rata de agua. Y, ya en terreno firme, el jabalí, el zorro, el turón y la comadreja.

La escasez de agua ha sido y es una de las principales amenazas del parque, reitera Cirujano, pero advierte de que también lo es la calidad del agua que recibe. A su juicio, la puesta en marcha de nuevas depuradoras que se están terminando y las que se construyan en un futuro próximo en la cuenca del Alto Guadiana deben permitir asegurar una adecuada calidad del agua en los humedales manchegos.

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