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| Gran riqueza biológica de especies de insectos |
| 30.11.10 - M. A. MUÑOZ | |||
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La alta diversidad entomológica es una de los mejores señales de las buenas condiciones de las que gozan los bosques ![]() Los resultados más destacados desde que se puso en marcha en 2008 la red de seguimiento permanente para medir el estado de salud de los bosques de la Región son el aumento general del crecimiento de los árboles y de los valores de biodiversidad máxima, así como una mayor complejidad de insectos. Los técnicos de la Dirección General de Patrimonio Natural y Biodiversidad señalan que tanto 2009 como 2010 han sido años de precipitaciones abundantes e inviernos no muy rigurosos, lo que ha permitido a los árboles mantener su crecimiento casi sin parada invernal. Este crecimiento apenas se frenó el pasado verano, gracias a las lluvias registradas durante el mes de agosto. Subrayan que el estado de salud general también ha mejorado desde 2008, disminuyendo la defoliación y decoloración de las copas. También apuntan que la acción de los agentes nocivos se ha visto reducida. La biodiversidad de la comunidad de insectos se mantiene sin cambios a lo largo del tiempo, aunque sí se aprecia una importante variabilidad, desde los valores más bajos en bosques aislados hasta los más altos en bosques que forman grandes masas y compuestos por más de una especie arbórea. La gran variedad de insectos detectada coloca a los bosques regionales entre los de biodiversidad más alta del Mediterráneo y de toda Europa. Además, es uno de los principales indicadores de la salud forestal. Los resultados muestran que las redes de interacciones ecológicas están relacionadas con el grado de aislamiento del bosque y con las temperaturas mínimas invernales. De este modo, los bosques más simples ubicados en zonas con inviernos muy poco fríos y cierto grado de aislamiento son más frágiles que los que se encuentran en zonas con inviernos más fríos e incluidos en grandes masas forestales. Si se produjera un cambio climático, las variaciones en la temperatura mínima extrema revertirán en una pérdida de conectividad entre especies en los ecosistemas forestales, redundando por lo tanto en un menor número de interacciones que podrían hacer los ecosistemas más frágiles. Por tanto, los datos extraídos de la Red EFSP de la Región muestran que los bosques con mejor salud, es decir, los más resistentes ante un posible cambio climático, son los localizados en la Sierra de Villafuerte, Sierra del Almirez, Cuerda de los Cuezos, La Carrasca, Sierra Espuña, Los Alahueces y Rambla de Béjar. Más interacciones Se trata de bosques más o menos maduros, insertos en un paisaje forestal de gran extensión. Las temperaturas mínimas invernales alcanzan los valores más bajos de todas las registradas en la red de veinte estaciones en los principales montes de titularidad pública de la Región. Además son los que más interacciones se producen entre especies. En otros lugares con temperaturas mínimas también bajas, como la Sierra de los Gavilanes, Peña Rubia y Sierra de Salinas, la complejidad es mucho menor, posiblemente debido a que se encuentran algo más alejadas de las grandes masas. La existencia de paisaje de bosque continuo permite a las especies desplazarse a lo largo de grandes masas forestales. En cambio, en bosques aislados, deben atravesar grandes distancias de terreno no apropiado, lo que hace que el número de especies de estas 'islas' sea siempre menor que el que aparece en zonas de gran superficie. Esto también es así en el Collado Mangueta de Sierra Espuña, que es una isla de pino albar entre un mar de pino carrasco, y que alberga un número inesperadamente bajo de especies. Otros lugares como las estaciones del Pinar Negro y Sierra de las Cabras aportan valores de número de interacciones anormalmente bajos, cuya razón aún se desconoce. En el otro extremo se sitúan los bosques menos complejos, como son la Sierra de Solán, en Blanca; la Sierra del Portichuelo, en Murcia y la Sierra del Algarrobo, en Mazarrón. Estos bosques están situados en lugares de inviernos muy suaves, a baja altitud. La fisionomía es de repoblaciones recientes con árboles de poco porte, más o menos todos de la misma talla. Este tipo de bosque sería el más frágil ante un posible cambio climático. Su bajo número de especies y las escasas interacciones entre ellas, pueden facilitar mucho que una especie parásita dispare sus poblaciones si las condiciones ambientales lo permiten. También que no pueda regularse por procesos naturales como la depredación, parasitismo y competencia. En este caso podría darse la rápida desaparición de estos bosques. El sistema permite a los técnicos de la Unidad de Salud de los Bosques disponer de un indicador que les avisa de los sutiles cambios que puedan producirse y que permite elaborar estrategias de acción con suficiente antelación. Estas actuaciones irían encaminadas principalmente al control de poblaciones de algunas especies parásitas que pudieran poner en peligro otras especies, potenciación de las depredadoras, manejo de las variedades. arbóreas para hacerlas menos apetecibles a las especies perjudiciales y más atractivas para las especies útiles o menos peligrosas. ![]()
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