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| 12 días le llevó al hombre volver a crear la tierra |
| 19.06.12 - HERMINIO PICAZO CÓRDOBA | |||
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La Cumbre de Río 1992 permitió interiorizar, a nivel global, el concepto de economía sostenible y Río+20 está obligado a obtener, por el bien de todos, un resultado satisfactorio ![]() Viñeta publicada por el diario de la Cumbre de Río 1992 'Tierra Viva'. Cuando el 14 de junio de 1992 se clausuraba en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, su secretario general, Maurice Strong, declaró de forma solemne: «Hemos tardado mucho en llegar hasta aquí, pero a partir de ahora no tenemos ni un minuto que perder». El eco de las palabras de Maurice Strong, junto con el sonido lejano de las millones de palabras que surgieron de los portavoces de los 178 países y 400 organizaciones no gubernamentales que participaron en este histórico evento, quedaron flotando no sólo entre las paredes de Ríocentro, el impresionante escenario de congresos donde se realizó la cita, sino sobre todo a través de la conciencia planetaria de ciudadanos, pueblos y gobiernos que comenzaron desde aquel momento a interiorizar el concepto que la Cumbre de la Tierra había consolidado de forma global: el del desarrollo sostenible. 125 jefes de Estado y de Gobierno, varios miles de delegados oficiales, 17.000 asistentes al Foro de ONGs celebrado en paralelo a la Cumbre; cerca de ocho mil periodistas acreditados… son cifras que apenas logran reflejar, veinte años después, la envergadura y la trascendencia de Río 92. La Cumbre de la Tierra generó documentos y acuerdos básicos para comenzar el camino del planeta hacia la sostenibilidad, una senda difícil, en muchas ocasiones frustrante, pero capaz de preñarlo todo de ilusiones y de ganas de enfrentar los retos. Los títulos de los convenios internacionales que allí se suscribieron dicen mucho sobre el catálogo de problemas a los que Naciones Unidas pretendía enfrentarse en 1992: La Declaración de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo, la Agenda 21, el Convenio sobre la diversidad biológica, la Declaración sobre los bosques y masas forestales, o el trascendental Convenio Marco sobre el Cambio Climático que dio origen al Protocolo de Kyoto y a todo el endiablado pero imprescindible proceso que desde entonces los gobiernos, las empresas y las instituciones han emprendido, de momento más mal que bien, para enfrentar el problema número uno del medio ambiente planetario. En su edición final del 14 de junio del 92, 'Tierra Viva', el periódico especial de la Cumbre cuyos 40.000 ejemplares diarios en inglés y español eran compañía imprescindible para delegados gubernamentales y activistas de las ONGs en los atestados hoteles cariocas a la hora del desayuno, titulaba: «12 días le llevo al hombre volver a crear la tierra». Aunque seguramente esta afirmación sea exagerada, lo cierto es que durante aquellas intensas y calurosas jornadas de 1992, Río de Janeiro fue la capital mundial del desarrollo sostenible y un perfecto escenario coral que mostró las tensiones de un mundo contradictorio que se acercaba, con temor pero también con esperanza, al final de su segundo milenio. En aquel galimatías de documentos, palabras e intereses, George Bush se negó hasta el último segundo a firmar los acuerdos, representando el lado más reticente de la balanza ambiental, mientras que el Foro Mundial de las ONGs se situaba en el lado de quienes querían ir mucho más deprisa. Entre medio, una pléyade de gobiernos, comités e instituciones internacionales que tuvieron que desplegar lo más alambicado y difuso del lenguaje diplomático para al menos alcanzar en Río un punto de partida que tuvo lo que tienen todas estas cosas de la alta esfera internacional: la virtud de no contentar a nadie pero tampoco frustrar a ninguno. Veinte años después, a partir de mañana 20 de junio, Río 2012 volverá a convertir la bella ciudad vigilada desde sus alturas por el Corcovado en la capital mundial de la sostenibilidad. Serán sólo tres días de Conferencia en los que los ecos de Río 92, y los de 2002 provenientes de Río+10 en Johannesburgo, llegarán fuertes a los gobiernos que van a volver a verse las caras en la ciudad brasileña. La cita de esta nueva Cumbre de la Tierra, que en esta ocasión se ha dado en llamar Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, fue decidida en 2009 por la Asamblea General de Naciones Unidas. Desde entonces el trabajo se puso en marcha y ya se han realizado hasta 6 citas y comités preparatorios del evento. Un trabajo intenso que por el bien de todos está obligado a obtener en Río+20 un resultado satisfactorio y para el que Naciones Unidas ha fijado tres objetivos tan ambiciosos como difusos y genéricos: Obtener un renovado compromiso político con el desarrollo sostenible, evaluar los problemas en la aplicación de los compromisos ya adoptados, y responder a los nuevos desafíos emergentes. Es evidente que desde Río 92 la situación del mundo ha cambiado, y no siempre para mejor. Factores como el crecimiento de la desigualdad, el terrorismo internacional, el cambio climático, la crisis del sistema económico y financiero o los levantamientos populares del mundo árabe, son actores predominantes del actual (des)equilibrio geopolítico mundial. Río+20 se va a encontrar con un mundo que Río 92 no consiguió enderezar pero al que alumbró en un camino que ha comenzado a recorrerse. Aunque bajo la actual crisis económica los compromisos financieros son complicados, la 'economía verde' va a estar en el foco de todos los esfuerzos de esta nueva Cumbre de la Tierra. Río+20 intentará reforzar el marco institucional para hacer realidad la cuasi-utopía del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, y procurará que los países más desarrollados hagan realidad su compromiso de proporcionar a las naciones en desarrollo el acceso a la financiación y a la tecnología necesaria para hacer más verdes sus economías. De Río a Río y tiro por que nos toca. Veremos el resultado. ![]()
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