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«Con el actual sistema económico, no hay futuro»
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19.06.12 - MIGUELÁNGEL MUÑOZ

Francisco López Bermúdez. Catedrático de Geografía Física de la Universidad de Murcia

ENTREVISTA

«Con el actual sistema económico, no hay futuro»

Francisco López Bermúdez, en el Campus de la Merced. :: EDU BOTELLA / AGM

El futuro del planeta vuelve a decidirse en Río de Janeiro. Veinte años después de la Cumbre de la Tierra, la ciudad brasileña será de nuevo el escenario elegido por Naciones Unidas para tratar aspectos que van mucho más allá de la conservación del medio ambiente, como son los grandes problemas y cambios de este siglo: el consumismo y la depredación de recursos. Con el nombre abreviado de Río+20 y el lema 'El futuro que queremos', la conferencia se celebra en un contexto de crisis muy distinto al de hace dos décadas. Francisco López Bermúdez, catedrático emérito de Geografía Física de la Universidad de Murcia, es una de las voces más autorizadas en la Región sobre temas relacionados con el medio ambiente.

-¿Qué recuerda de la Cumbre de la Tierra? ¿Por qué fue tan importante?

-La Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro fue el acontecimiento mundial al que más jefes de Estado y de Gobierno asistieron. Su importancia radicó en que se centró la atención en los tres grandes problemas ambientales del planeta: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación. Además, por vez primera vez se abordó la interconexión que existe entre los tres. El cambio climático reduce la biodiversidad, tanto de animales como plantas. Esto conlleva la degradación de la cobertura vegetal y la disminución de la capacidad de asimilación de CO2. En consecuencia, el suelo queda desnudo y fragilizado ante el impacto de las lluvias torrenciales, especialmente en ambientes semiáridos, como es el caso de la Región de Murcia, que son los más vulnerables a la pérdida de suelo agrícola y forestal y a la desertificación.

-¿Qué medidas se llegaron a adoptar?

-Las más importantes fueron vincular el desarrollo económico y social a la protección del medio ambiente y a la paz, así como aprobar la Agenda 21 para pedir la participación pública en la adopción de decisiones y velar por los compromisos adquiridos en la Cumbre de la Tierra. Eran objetivos ambiciosos y urgentes ante un mundo que se deterioraba acusadamente. Sin embargo, el resultado fue muy decepcionante por la falta de voluntad firme de la mayoría de los gobiernos de realizar una inversión económica, social y cultural para solucionar los problemas.

-¿Cómo se encuentra el planeta 20 años después de la cumbre? ¿En qué momento llega Río+20?

-El planeta ha empeorado. Desde el punto de vista del clima, la temperatura se está incrementando en todas partes. Además, no se han cumplido las cuotas de emisiones de CO2 que estableció el Protocolo de Kyoto. Por tanto, como resultado del cambio climático, la desaparición de la diversidad biológica y la creciente presión demográfica humana sobre los recursos naturales básicos, resulta que hoy día el problema de la desertificación es aún mayor. En un principio se interpretó este fenómeno como un proceso natural de aridificación, pero en realidad se trata de la pérdida de capacidad productiva y del valor de la tierra para producir bienes y servicios. Creo que Río+20 es una oportunidad histórica para definir las vías hacia un desarrollo humano durable, erradicar la pobreza, usar energías limpias, tener seguridad y un nivel de vida decente y digno para todos.

-Entonces, ¿queda todavía esperanza o estamos al borde del abismo?

-A lo largo de la historia, la sociedad ha reaccionado siempre cuando está al borde de la catástrofe. Estamos casi en un punto de no retorno, en la puerta de la UCI. Es muy difícil asegurarlo con rotundidad porque habría que manejar muchos datos. Lo definiría como una situación de emergencia medioambiental y en las conciencias de las personas. Puede que una de las mayores contaminaciones sea la de las propias personas. Creo que esta cumbre es una excelente oportunidad para adoptar medidas y compromisos serios. En eventos anteriores los gobiernos ya aceptaron compromisos, pero no se llevaron a cabo. Por ello, debe de volver a producirse una gran presión social para asegurar que esta vez sí se van a cumplir.

-De todos los temas que se van a debatir, ¿cuál considera el más prioritario?

-Reducir la pobreza. Una de las principales causas de los conflictos sociales en los países subdesarrollados es el hambre, por lo que la seguridad alimentaria debe ser un objetivo preferente. El mundo cuenta ya con 7.000 millones de habitantes y se prevé que para 2050 se alcance los 9.000 millones. Sin embargo, una de cada cinco personas vive con menos de un euro al día, y más de 1.500 millones de personas no tienen acceso a electricidad y agua potable. Si no se asegura los alimentos para la población, no puede haber paz. La conferencia debe sentar las bases para una sociedad nueva, solidaria, sin hambre, en paz y durable.

-Y en lo que se refiere a las cuestiones estrictamente medioambientales

-El impacto del cambio climático en la biodiversidad, los ecosistemas, la pérdida de suelo y la desertificación es mayor que décadas atrás. Un tercio de las especies animales y vegetales del planeta están llamadas a desaparecer por el incremento de la temperatura. Por tanto, se deben de adoptar medidas para conservar el suelo y el agua, puesto que son los dos recursos imprescindibles para la vida. Sin estos dos elementos, no hay futuro. Toda la fuente alimentaria de la humanidad, quizás un 95%, procede de ambos. Además, una de las principales causas de la desaparición de muchas civilizaciones ha sido la pérdida del suelo fértil. Necesitamos que los ecosistemas no se deterioren para que sean capaces de alimentar a una población creciente, que cada vez demandará más y más.

-En la cumbre se producirá una confrontación entre los países desarrollados, más preocupados por la crisis económica, y las potencias emergentes, a las que les interesa seguir creciendo y no quieren oír hablar de cuestiones ecológicas. ¿Se pueden alcanzar acuerdos importantes?

-Creo que este tipo de eventos sirve sobre todo para mover las turbinas de la conciencia de mucha gente y de las organizaciones no gubernamentales. La conferencia de Río tiene que relanzar todas aquellas cuestiones que se plantearon hace 20 años y que desafortunadamente no se han cumplido. Me parece fundamental que sean los ciudadanos los que trasladen a los políticos que este sistema económico depredador no es sostenible, ni compatible con la armonía que debe existir entre personas y naturaleza. Con el actual sistema económico, que está ocasionando daños ambientales sin precedentes por su egoísmo extraordinario, no hay futuro para la humanidad y el medio ambiente.

-Precisamente, uno de los temas de 'Río+20', la transición a una economía más 'verde', cobra en estos momentos mayor relevancia.

-Sin duda. El objetivo es caminar hacia una economía respetuosa con el medio ambiente, la naturaleza y sus recursos básicos. Existen ya buenas prácticas como la agricultura ecológica. El término desarrollo sostenible conduce a equívocos, puesto que se lanza la idea de que existen recursos ilimitados, y eso no es cierto. El desarrollo no puede ser infinito porque el suelo y el agua no lo son. La superficie agrícola es la que es y gran parte se está destruyendo por los procesos de erosión, salinización y vertido de materiales tóxicos. Con el agua sucede lo mismo. El gran problema que tiene es la contaminación. Pienso que en Río se debe de impulsar el desarrollo humano y no el económico.

-¿Cuáles son las consecuencias del éxodo rural y la concentración de la población en las ciudades?

-En la actualidad, más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas y se espera que para 2030 llegue al 60%. El abandono del campo conlleva una aceleración de los procesos de erosión. Hay que aclarar que cuando hoy hablamos de erosión, nunca se piensa en la que se produce de manera natural, sino la causada por la actividad del hombre, que está degradando el suelo hasta el punto de acabar con su capacidad de producir alimentos. Es importante que haya población que siga en el campo y continúe con los buenos métodos de conservación del suelo y del paisaje. Sería interesante establecer algún incentivo económico para ello.

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