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| Con ADN huertano |
| 05.06.12 - PEPA GARCÍA | |||
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Asociaciones, empresas y colectivos trabajan para recuperar, conservar y reactivar la huerta ![]() Integrantes de la peña Carreteros del Río transportan a una familia en un recorrido pro la huerta:: GUILLERMO CARRIÓN/ AGM Están empeñados en conservar y revitalizar la Huerta de Murcia, que consideran un valor ecológico de primer orden, un nicho de biodiversidad y un vivero de costumbres y tradiciones que se van perdiendo irremediablemente. Son distintas asociaciones y colectivos que iniciaron su andadura de forma independiente y a los que sus inquietudes comunes les han acercado hasta hacer no solo posible sino imprescindible la colaboración. Desde 1992, la Peña de Carreteros del Río lucha por conservar y difundir entre los más jóvenes y los niños los usos y costumbres de la huerta, «un rincón precioso que no existe en toda España», explica Antonio Almaraz, presidente de los carreteros. Para ello, instruyen a niños y jóvenes en el cultivo de hortalizas y frutales, eso sí, ecológico. «No usamos nada más que el abono fabricado a base de estiércol de nuestros mulos», cuenta Almaraz, que añade que también ese proceso se lo transmiten a los pequeños. «Queremos que sepan que los tomates no nacen en el supermercado», dice muy serio este huertano de La Raya, al que la importación de frutas y hortalizas de otros países obligó, tras doce años, a dedicarse a conducir camiones. Además, los 80 socios de esta peña poseen un buen número de carros antiguos: de labor, de paseo, rocieros y galeras, «los taxis de antes -recuerda Almaraz-, que recogían a los viajeros en El Carmen o que transportaban los productos de la huerta a la lonja de San Basilio -hoy solo queda la pérgola-, con los que ofrecen servicios en bodas y comuniones huertanas y, esperan, dar servicio a los turistas en un futuro cercano. Algunas de las actividades con las que esperan que se pueda reactivar la huerta, hoy en fase de abandono; además, «con la crisis la gente está volviendo a cultivar su terreno, a muchos es lo único que les queda», razona. En esta misma línea se mueve José Tomás Marín -«un huertano obsesivo», se autodefine-. Este diseñador que, con la crisis, ha decidido reinventarse y trabajar para diseñar nuevos oficios y usos sostenibles para la tierra que ama. Por eso ha llegado a acuerdos con huertanos que han abandonado el cultivo de sus terrenos con la intención de crear una red de parcelas -a ser posible junto al río, acequias y azarbes- con el fin de ofrecer servicios a los 'urbanitas' «con los que ganemos todos. La idea es empezar a funcionar en septiembre, cuando terminemos de constituir la red». Para ello ha montado la empresa 3SH (Servicios Huertanos) que ofrece pequeñas parcelas de 50 m2 para su cultivo ecológico -algo que ya se realiza en muchos municipios-, pero interactuando con los huertanos de la zona; organiza 'convidás' en los huertos, lo que permite a sus clientes celebrar comidas familiares, cumpleaños o cualquier efemérides en un huerto con todo el servicio (mesas con mantel y ramilletes de azahar, planchas para hacer la comida, carne de cerdo y verduras de la huerta, inodoro, sombraje...); y, en tercer lugar, lleva los huertos a balcones y terrazas de edificios de la ciudad, incluso a su interior, enseñando a los interesados a reciclar el agua que usan y a evitar los productos químicos en el proceso. Para José Tomás, la idea va más allá, ya que ha diseñado varias rutas que, en colaboración con los Carreteros del Río, ofrecerá a los turistas para que conozcan la ciudad, su gastronomía y su entorno rico y único a lomos de antiguos carros. «Una forma de generar propuestas de turismo y ocio a 3 km. de la capital, en un lugar único por sus condiciones climáticas y paisajísticas para generar puestos de trabajo y activar y recuperar la huerta», resume este interesante proyecto José Tomás Marín. No son los únicos, desde Huermur, una asociación creada en 2007 para agrupar a grupos locales en torno al problema de la huerta y los regadíos locales, han puesto el acento en conservar un sistema de regadío milenario, que ha convertido la huerta tradicional en el pulmón de la ciudad y en un reservorio de endemismos. Así, se empeñan en proteger molinos, ceñas, azarbes, acequias..., tratando de evitar su destrucción y entubamiento; y en dar apoyo a los agricultores como garantía de la conservación de un enorme patrimonio biológico autóctono. La rehabilitación del Molino del Amor, propiedad municipal, consensuada con vecinos y pedáneos de la zona y realizada por el arquitecto Enrique de Andrés es ahora su bandera, una enseña que quieren convertir en la puerta de entrada a la huerta. Además, trabajan codo a codo con profesores de la Universidad para tratar de recuperar y conservar el patrimonio genético huertano, lo que consiguen distribuyendo entre los interesados semillas. «El objetivo -explica desde Huermur, Pedro Jesús Fernández- es que los murcianos sientan la huerta como el ADN murciano, algo muy suyo, y puedan participar». ![]()
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