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Un Mediterráneo cada vez más limpio
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26.06.12 - PEPAGARCÍA

El programa nacional de vigilancia de la contaminación en las aguas litorales constata cada año la mejora de su calidad ambiental, aunque Cartagena y La Unión tienen las mayores concentraciones de metales

Un Mediterráneo cada vez más limpio

El último informe del programa de vigilancia de la contaminación química del Mediterráneo constata que, «año tras año, la calidad ambiental de las aguas del Mediterráneo español son cada vez mejores. Las concentraciones de metales pesados de los últimos 20 años tienen tendencia decreciente», resume Concepción Martínez-Gómez, investigadora del Centro Oceanográfico de Murcia y responsable del programa de vigilancia de la contaminación química y sus efectos biológicos en el Mediterráneo español, en el que trabajan de forma coordinada doce personas.

Sin embargo, la alegría no puede ser completa, ya que las aguas litorales de Cartagena y La Unión se revelan como las más contaminadas, pues presentan los niveles más altos de metales pesados de toda la zona levantino-balear. «Pese a que los sendimentos de los fondos están muy contaminados, los últimos datos recabados ponen de manifiesto que estas sustancias químicas no tienen efectos severos en los organismos biológicos. El estudio del salmonete demuestra que la baja calidad de los fondos no repercute en el estado de salud de los organismos marinos», tranquiliza la experta. Y añade que «aunque los sedimentos del entorno de Portmán contienen concentraciones altas de metales (plomo, cadmio y mercurio) estos no están biodisponibles, probablemente por los procesos físico-químicos que se producen en los sedimentos, que los hacen inertes o no bioactivos».

Evaluar periódicamente la salud de las aguas costeras del Mediterráneo español es uno de los objetivos del Centro Oceanográfico de Murcia, perteneciente al Instituto Español de Oceanografía (IEO). Este programa de vigilancia, que ha estado liderado hasta hace seis meses y desde sus inicios por el investigador José Benedicto, aporta datos anuales de la concentración de contaminantes en organismos y en sedimentos marinos y los efectos biológicos asociados a la presencia de estos. Unos datos que permiten comprobar «si las medidas adoptadas por los gestores ambientales para la conservación de los océanos son efectivas, seguir la evolución de la contaminación y detectar problemas de los que los gestores ambientales no son conscientes para buscar los orígenes y tratar de ponerles remedio», comenta Concepción Martínez-Gómez.

Para poder llevar a cabo esta vigilancia, el IEO utiliza el mejillón ('Mytilus galloprovincialis') como organismo bioindicador de la contaminación presente en la columna de agua, al tratarse de un organismo sésil -que crece adherido a un sustrato-, filtrador y con capacidad de bioacumular buena parte de los contaminantes; y el salmonete de fango ('Mullus barbatus'), una especie demersal -de fondo- y territorial que habita fondos arenosos/fangosos y que se alimenta principalmente de organismos bentónicos -del fondo- como poliquetos y pequeños crustáceos, por lo que los resultados obtenidos reflejan el grado de biodisponibilidad de los contaminantes presentes en el fondo marino, va aclarando la investigadora del IEO.

Ambas especies son los organismos recomendados para ser utilizados como bioindicadores de la contaminación en el Mediterráneo, ya que están ampliamente distribuidos y pueden ser utilizados por otros países, lo que permite luego comparar los resultados. Así, el mejillón refleja el grado de contaminación de las aguas marinas, y el salmonete, a una escala más regional, la calidad ambiental y la biodisponibilidad de los contaminantes del sedimento y sus 'habitantes'. A este respecto, la investigadora pone «un ejemplo muy bonito: el estudio de los mejillones ha puesto de manifiesto que han bajado los niveles de plomo en toda Europa, lo que corrobora el efecto positivo de prohibir el uso de gasolinas con plomo».

Aunque los resultados obtenidos, tanto en salmonetes de fango como en mejillones son alentadores, «los niveles de contaminación por metales pesados, sobre todo por plomo y cadmio, son todavía muy altos» en las masas de aguas costeras de Murcia, donde son superiores a los del resto del Mediterráneo español. La causa es «el cinturón pirítico del Sureste, que posibilitó una intensa actividad extractiva de plomo y zinc a lo largo de las sierras litorales y originó un elevado número de minas y depósitos de estériles abandonados», afirma la última evaluación de la demarcación levantino-balear.

El estudio en la zona de Portmán «surgió por la necesidad de evaluar si las concentraciones de contaminantes químicos en el medio marino causan efectos dañinos en los organismos; un objetivo clave para evaluar el buen estado ambiental de los mares», continúa Martínez-Gómez.

Mejillones 'plomizos'

Teniendo en cuenta las 15 estaciones que han aportado datos para evaluar el Mediterráneo español, la investigación concluye que: en Cartagena, las concentraciones de cadmio en mejillón superan, en el 11,1% de las muestras, las concentraciones máximas admitidas para consumo humano, así como altas cantidades de cadmio en la zona de Portmán y Baleares. De la misma forma, el estudio revela que las concentraciones de plomo en mejillones silvestres es más de cuatro veces superior a los niveles máximos permitidos para el consumo humano (33,18 mg./kg. frente a los 7,5 permitidos); pero, además, tanto Barcelona como Cartagena presentan niveles de este metal pesado superiores a los permitidos para el consumo humano en el 100% de las muestras (entre 10 y 15 mg./kg.).

En lo que relativo al mercurio, todos los resultados indican que ninguna estación superan los niveles máximos admitidos para consumo humano, pero las concentraciones más altas corresponden igualmente a las zonas de Barcelona y Cartagena.

En cuanto al estudio de los salmonetes de fango capturados en 13 áreas y 21 caladeros de toda la vertiente levantino-balear, reflejan que las concentraciones de cadmio más altas se dan en el tramo de litoral que va de Cabo de Palos a Cabo de la Nao, encabezados por Águilas; mientras que los salmonetes capturados en Mar Menor y Cartagena mostraron los niveles más bajos.

En el caso del mercurio, el litoral regional ofrece las áreas más limpias, el Mar Menor, y las más contaminadas, Águilas, Mazarrón y Cartagena. Y, una vez más, es el plomo el contaminante con niveles más preocupantes en Cartagena, con un nivel de concentración que roza los máximos permitidos para el consumo humano; aunque los niveles medios más altos fueron los obtenidos en Mazarrón, seguidos por Barcelona, Águilas y Cartagena.

No obstante, «según los resultados obtenidos en salmonete de fango, el estado actual de la contaminación por metales en los diferentes caladeros estudiados es, en general, satisfactoria, ya que ninguno de los metales analizados supera los límites establecidos por la legislación de la UE.

Fondos 'envenenados'

Una vez más, las concentraciones de plomo, esta vez en los sedimentos marinos, son la más preocupantes en la zona de Cartagena-Portmán, que con 480.900 µg/kg. multiplica por diez los considerados niveles con efecto probable en los organismos (46.700 µg./kg.). Una cifra que también se supera en las muestras de Barcelona, Tarragona y Delta del Ebro. Asimismo, los datos obtenidos con respecto al mercurio en los sedimentos de Cartagena-Portmán, superaron los límites en un 86% de las muestras analizadas.

Todos estos datos revelan que los animales bentónicos que habitan en la zona, como los lenguados, podrían tener niveles similares a los de los salmonetes de fango, aunque estos no repercutan en su estado de salud, como aseguran los investigadores por los datos obtenidos.

Además, exigen una vigilancia constante, ya que «los contaminantes que ahora no son bioactivos, se liberarían en caso de que se removieran los fondos. Tal y como está planteado el proyecto de dragado de la bahía de Portmán, en la parte emergida, habrá que tener mucho cuidado para que el material no se vuele y no quede en suspensión en el mar; y, cuando toquen la línea de costa, tendrán que instalar algún tipo de barrera para que los contaminantes no se resuspendan y aumenten su concentración. Asimismo habrá que acondicionar la zona de tal manera que se minimice la posibilidad de escorrentías, que acabarían llevando hasta al mar los contaminantes. Y eso no se puede limpiar», advierte Concepción Martínez-Gómez.

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