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| La basura nuclear apesta en Siberia |
| 22.01.10 - RAFAEL M. MAÑUECO | |||
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Esta vasta región rusa se ha convertido en el cementerio atómico al que van a parar miles de toneladas de residuos de países occidentales ![]() Un convoy ferroviario de residuos atómicos (envasados en contenedores Castor) parte de una central alemana con destino a Rusia. :: Diether Endlicher Gran parte de los residuos producidos por las centrales atómicas europeas van a parar a cementerios situados en Siberia. Las organizaciones ecologistas rusas llevan años denunciando el tránsito y almacenamiento de materiales radiactivos procedentes del extranjero. Pero, en esta ocasión la información era más precisa. Contenedores con hexafluoruro de uranio (UF6), procedentes de Francia, fueron descubiertos dentro del territorio de Complejo Químico de Séversk, la factoría de reprocesamiento nuclear conocida con el nombre de Tomsk-7. «Los contenedores llegaron por mar desde Le Havre (Francia) hasta San Petersburgo y, desde allí continuaron por vía férrea. Se encuentran ahora al aire libre, sin ninguna protección, a menos de un kilómetro de una fila de edificios en donde vive gente», asegura Alexéi Tóropov, responsable regional de la Agencia Ecológica de Siberia (SEA). Séversk, localidad situada a diez kilómetros de Tomsk, tiene una población de 120.000 habitantes y sigue estando considerada 'ciudad cerrada', como en la época soviética. Para acceder a ella hay que disponer de un pase especial, incluso si eres ciudadano ruso. La planta de Tomsk-7 fue en su día la mayor factoría del mundo para la producción de plutonio, elemento fundamental en la fabricación de bombas atómicas. Su último reactor dejó de funcionar hace cinco años. Posee hoy día el depósito subterráneo de desechos radiactivos más grande del planeta. Pero las autoridades rusas niegan que las vagonetas que hay en Tomsk-7 lleven en su interior residuos nucleares. El vicegobernador de la región, Serguéi Tochilin, llama «materia prima» a lo que hay dentro de los contenedores. El portavoz de Rosatom -la agencia nuclear rusa-, Serguéi Nóvikov, sostiene que «el hexafluoruro de uranio no es un producto de desecho y se puede almacenar al aire libre como se hace en todas partes, también en EE UU y en Europa». Nóvikov explica que los materiales radiactivos enviados desde Europa son reprocesados en Séversk y otras plantas rusas y devueltos de nuevo, ya como combustible nuclear, «para ser suministrados a las centrales atómicas de países como Alemania, Holanda, Suecia y Suiza, según licencia de la firma francesa Areva». Sin reprocesar Tóropov, sin embargo, subraya el hecho de que sólo se puede utilizar un 10% o un 20% de todo lo que nos llega, «lo que significa que son desechos en su mayor parte, no materia prima». El dirigente de la SEA, señala que, «a las 700.000 toneladas de hexafluoruro de uranio, sustancia muy tóxica además de radiactiva, que hemos acumulado en Rusia como consecuencia de nuestra propia actividad, se unen otras 120.000 toneladas traídas desde fuera» (Alemania, Francia, Holanda y Reino Unido). La cantidad total de basura nuclear almacenada en Rusia, según la subdirectora de Rosatom, Tatiana Elfímova, «se acerca a 550 millones de toneladas». El período de desintegración de los isótopos, según su nivel de radiactividad, varía entre los 50 y los 24.000 años. En 2001, entró en vigor en Rusia una ley que legalizó la importación de combustible nuclear ya utilizado para su reciclaje, concepto que incluye su enriquecimiento y el almacenamiento de los residuos. Desde entonces, las organizaciones ecologistas mantienen una guerra sin cuartel para que la normativa sea derogada, algo poco probable si se tiene en cuenta que Rusia se ha ofrecido para albergar en su suelo el centro internacional de enriquecimiento de uranio. Estará enclavado en las instalaciones de la planta nuclear de Angarsk, también en Siberia, cerca del lago Baikal y de la frontera con Mongolia. La iniciativa cuenta con el apoyo de Estados Unidos y la UE. Uno de sus objetivos sería enriquecer el uranio para las centrales atómicas iraníes, evitando así que el régimen islámico realice por sí mismo el proceso. El ciclo completo abre la vía a la fabricación del arma atómica. Teherán, sin embargo, ha rechazado la propuesta.
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