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La amenaza latente de los agentes patógenos
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22.05.12 - MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

La aparición del primer caso en España del 'virus de Schmallenberg', que afecta a los rumiantes, es un nuevo aviso de los riesgos sanitarios vinculados al medio ambiente

La amenaza latente de  los agentes patógenos

Imagen de la bacteria 'Escherichia coli' tomada con un microscopio electrónico. :: REUTERS

El calentamiento global y la globalización son dos de los fenómenos que están despertando nuevas plagas por todo el mundo con un gran impacto sobre la salud de las personas, así como en la economía de los países. La pasada campaña agrícola estuvo marcada por una bacteria, la 'Escherichia coli', más conocida por la abreviación 'E. coli'. El anuncio del Gobierno de Alemania, el 26 de mayo de 2011, de que el brote de una variante de este microorganismo, que causó la muerte de más de 30 personas, procedía de pepinos de Almería y Málaga puso bajo sospecha los productos procedentes de España.

Aunque las autoridades sanitarias reconocieron días después que desconocían el origen, las acusaciones vertidas tuvieron consecuencias millonarias para los agricultores españoles, especialmente los murcianos, tanto por la destrucción de productos que no pudieron comercializarse, como por la pérdida de clientes y mercados, la reducción del precio y el desprestigio de las frutas y hortalizas nacionales.

El balance elaborado por el equipo técnico de la Federación de Cooperativas Agrarias de Murcia (Fecoam) mostró unas pérdidas totales en la campaña de verano de la Región que ascendían a 36.372.000 euros, por los 33.290.000 euros de beneficio que obtuvieron en 2010.

La nueva amenaza para el sector primario consiste en un virus que lleva el nombre de una pequeña localidad alemana, Schmallenberg, donde fue detectado en agosto del año pasado. Desde entonces, ya ha afectado a casi 4.000 explotaciones ganaderas de Alemania, Holanda, Bélgica, Gran Bretaña, Francia, Luxemburgo, Italia y España.

El 'virus de Schmallenberg' causa una enfermedad que, en principio, afecta exclusivamente a los rumiantes (ovejas, cabras, vacas) y se transmite por la picadura de mosquitos (pertenecientes al género Culicoides) y a través de la placenta. Sus efectos se centran en los animales en gestación: causa abortos o las crías nacen con malformaciones.

Los servicios veterinarios de la Comunidad de Andalucía confirmaron el primer caso en España el pasado mes de marzo en una explotación mixta de ganado ovino y caprino de la comarca Hinojosa del Duque, en Córdoba.

Son solo dos ejemplos recientes de los peligros que todavía esconde la naturaleza, indica el profesor del Departamento de Sanidad Animal de la Universidad de Murcia (UMU) y secretario de la Academia de Veterinaria de la Región, Francisco Alonso, quien recuerda que los agentes biológicos (virus, bacterias, parásitos, hongos y toxinas de animales y plantas) han sido los causantes de cambios importantes a nivel sanitario, en el medio ambiente y en la demografía de la especie humana.

Es el caso de la peste bubónica que, aunque parezca una enfermedad del pasado, recuerda que siguen produciéndose casos en todo el mundo, especialmente en África y el sureste asiático. A lo largo de la historia se han producido grandes epidemias en Europa. La peste negra, por ejemplo, que tuvo lugar en el siglo XIV, causó la muerte de 25 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población del continente.

Alonso apunta que el origen de esta pandemia es un organismo que se encuentra presente en la naturaleza, un bacilo habitual en ratas que se transmite por la pulga de este animal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) registra entre 1.000 y 3.000 casos por año.

Otra pandemia a destacar es la viruela, que tuvo una gran repercusión en la colonización de América en el siglo XVI. Los españoles fueron acusados de llevarla al Nuevo Mundo, aunque fue una acción involuntaria. «Es el desarrollo natural de una enfermedad, que se aprovecha de una población muy baja en defensas frente a los patógenos. Lo mismo ocurrió en Australia con los ingleses o en el Caribe cuando fue ocupado por los franceses», explica.

Un ejemplo diferente es la Guerra franco-india, de 1754 a 1763, en la que se enfrentaron Francia y Gran Bretaña por el dominio de los territorios de lo que hoy día es Canadá y los Estados Unidos. Se trató de uno de los primeros casos de guerra biológica, puesto que un general de las fuerzas británicas ordenó que se distribuyesen entre los indios prendas provenientes de un hospital en el que se había producido una epidemia de viruela para mermar sus poblaciones.

Desde 1980 no hay casos de viruela en el mundo gracias a los esfuerzos realizados por la OMS para su erradicación, pero esto también supone un riesgo, resalta Alonso, al existir un grupo poblacional muy elevado sin anticuerpos para el virus.

El profesor de la UMU señala que no es necesario remontarse siglos atrás para encontrar ejemplos de grandes enfermedades, puesto que existen algunos más recientes como el virus de la Gripe A o de la Gripe Aviar.

En el caso de la segunda, al ser exclusiva de las aves, su salto a humanos produce graves cuadros patológicos que pueden llevar a la muerte. Afecta fundamentalmente a jóvenes, inmunodeprimidos y mujeres, y se calcula que el balance de muertes desde su aparición es de unas 500 personas, y siguen apareciendo nuevos casos cada día. La Organización Mundial de la Salud mantiene una vigilancia estrecha para actuar rápidamente si se produce algún tipo de variación o mutación.

La Región de Murcia también ha sido el escenario de la epidemia de legionella más grave en España, causó 6 víctimas mortales y casi 700 enfermos de neumonía en julio de 2001. El foco emisor se localizó en unas torres de refrigeración de edificios para el aire acondicionado.

Alonso alerta de que las enfermedades se encuentran en el medio natural y pueden adquirirse, simplemente, al entrar en contacto con el ecosistema donde están presentes.

Humanos y animales domésticos y silvestres comparten multitud de enfermedades. Se estima que el 70% de las enfermedades animales tienen un carácter zoonósico, es decir, pueden transmitirse a las personas. El riesgo de que pasen de unos a otros aumenta con los cambios en los ecosistemas y en las poblaciones de animales silvestres, y con el contacto entre personas y animales domésticos.

Los mayores riesgos en la actualidad, apunta, son las enfermedades tropicales de África, América o Asia, «frente a las que carecemos de defensas». El intercambio de viajeros y mercancías con países en los que existen patógenos aumenta el riesgo de ser infectado.

Se han dado casos de malaria en España como consecuencia de los viajes a zonas palúdicas en África. Otro patógeno a tener en cuenta es el virus Ébola, que ocasiona un proceso altamente contagioso y muy severo, que afecta tanto a animales como a seres humanos.

La fiebre Q también afecta al hombre y a los animales. El aumento de casos en los últimos años se debe a los viajes de personas a las zonas donde se encuentra el vector que la transmite, una garrapata. La leishmaniosis es transmitida por la picadura de un mosquito. El pronóstico general de los casos no tratados es grave, con alta mortalidad en los animales y, aunque las personas pueden verse afectadas, la prevalencia es muy baja.

Muchas de las enfermedades aparecen por transmisión alimentaria, como la triquinelosis (o triquinosis), que se transmite por carne de jabalí o cerdo infectada con larvas de un parásito, la trichinella.

La tularemia es una enfermedad propia de conejos, liebres silvestres y pequeños roedores, que tuvo un importante brote en Castilla y León como consecuencia de la manipulación de animales enfermos. El agente causante es la bacteria 'Francisella tularensis'. La transmisión entre animales se realiza mediante contacto directo o a través de la orina, heces, secreciones, y vectores como mosquitos, pulgas y garrapatas.

Presenta síntomas semejantes a los de un proceso infeccioso: aparición brusca de fiebre alta, malestar general y, en los procesos más graves, lesiones en los dedos. Se transmite al hombre por contacto directo con el animal enfermo, muerto o con sus secreciones, ingestión de agua contaminada, inhalación, ingestión de carne cruda o poco cocida de un animal enfermo, o por picadura de artrópodos. No es contagiosa entre personas.

Alonso señala que son importantes problemas de salud pública, donde participa todo el sistema sanitario, especialmente los médicos de Atención Primaria, que son los primeros que deben actuar y detectar si hay un foco importante que se convierte en epidemia.

Los veterinarios también juegan un papel fundamental, «puesto que se encuentran en el medio», apunta. Cualquier enfermedad que aparezca de forma repentina en animales tienen la obligación de comunicarla a las autoridades, que evaluarán los riesgos y tomarán las medidas oportunas.

En los últimos años, han aparecido nuevas amenazas como la enfermedad de Lyme o borreliosis, que es causada por la bacteria 'Borrelia burgdorferi' y trasmitida por las picaduras de garrapata. Entre la lista de síntomas incluye artritis, anomalías en el corazón, pérdida de memoria, confusión, problemas psiquiátricos,...

El SARS o Síndrome Agudo Respiratorio Severo, una forma seria de neumonía causada por un virus, es uno de los mejores ejemplos de la forma en la que los viajes alrededor del mundo pueden diseminar rápidamente una enfermedad, en opinión del profesor Alonso.

El profesor del Departamento de Sanidad Animal explica que hay una serie de factores que influyen en la aparición y difusión de todas estas enfermedades. La crisis económica es uno de los más importantes, puesto que la reducción de los presupuestos destinados a Sanidad causa un «relajamiento» en determinadas actuaciones, como es el caso de la vigilancia de las enfermedades tropicales.

Los cambios en el medio ambiente son otro elemento a tener en cuenta, principalmente la introducción de especies, tanto animales como vegetales, que con el tiempo se convierten en invasoras y «después es muy difícil erradicarlas». El uso inadecuado de antibióticos también puede dar lugar a la aparición de resistencias en bacterias y virus, además del posible empleo intencional para atentar contra la población.

Calor y vectores

Últimamente, ha cobrado una especial relevancia el calentamiento global. El aumento de la temperatura facilita la distribución de los vectores. Los mosquitos pueden alcanzar altitudes más elevadas con solo un aumento de las temperaturas de un grado. La actuación de los servicios municipales y de control de plagas es fundamental para cortar los ciclos biológicos de pulgas, piojos, garrapatas, mosquitos, moscas y cucarachas, lo que impedirá la diseminación, en un momento determinado, de las enfermedades.

Las inundaciones también dan lugar a la proliferación de plagas. El cambio de los usos del suelo y el éxodo de la población del campo a las ciudades también son factores a tener en cuenta. Se calcula que en 2020 el 67% de las personas vivirán en zonas urbanas, mientras que en 1950 el porcentaje era tan solo del 20%.

El regadío para la agricultura incrementa la humedad en el suelo y la cantidad de plantas, lo que favorece la reproducción de vectores y la posibilidad de que aparezcan amenazas para la salud humana.

Alonso explica que las enfermedades tienen tres posibles orígenes: natural, accidental e intencional. En el primer caso, las migraciones de personas o animales domésticos o silvestres, que 'invaden' nichos ecológicos y pueden contagiarse con algún patógeno. Los cambios de clima, huracanes y tormentas también pueden modificar un entorno.

El origen también puede ser accidental. Los conflictos bélicos nacionales o internacionales pueden causar un desplazamiento masivo de animales y población, lo que facilita que se diseminen las enfermedades.

Alonso apunta que ha sido un «accidente» que el mosquito tigre ('Aedes albopictus') llegara a España, puesto que entró a Cataluña a través del transporte de materiales procedentes del sureste asiático. Este pequeño insecto, cuyo hábitat natural son las selvas tropicales de Asia, tiene un aspecto característico (color negro con bandas blancas) y una picadura dolorosa, que se inflama y persiste mucho más que las que causan los mosquitos autóctonos. En los últimos años, se ha distribuido por distintas comunidades y ya se encuentra en la Región, principalmente en la Vega Baja.

El origen intencional se refiere al uso de los agentes patógenos como armas biológicas. Uno de los ejemplos más conocido es el de las cartas con esporas de carbunco enviadas a varios políticos y oficinas de medios de comunicación en Estados Unidos, tras los atentados del 11 de septiembre. El resultado fue 22 personas infectadas y cinco fallecidos.

Otro caso es el de una secta religiosa que contaminó en 1984 con salmonella el bufet libre de ensaladas de una cadena de restaurantes. Un total de 751 personas tuvieron que ser hospitalizadas.

Alonso destaca que frente a una aparición accidental o natural de una enfermedad, las autoridades saben cómo actuar. Cuentan con unos protocolos perfectamente establecidos en los que buscan identificar la causa y las consecuencias que puede tener para la salud humana. Ante una aparición intencionada, la respuesta es más difícil, «porque no se detecta el origen» y se deben tomar otro tipo de medidas. Entran en juego la formación a los niveles más básicos, médicos de Atención Primaria y veterinarios de explotaciones y medio natural, puesto que es fundamental para un diagnóstico precoz de los procesos y la toma de medidas adecuadas de inmediato.

El profesor de la UMU señala que «hoy, más que nunca, los países y las instituciones precisan de recurrir en primer lugar a sus propios medios colectivos». Sin embargo, Alonso apunta que los preparativos y la respuesta ante cualquier eventualidad biológica «requerirán también del planeamiento y solidaridad entre países, amplios sectores políticos y sociales, y la colaboración interdisciplinar».

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