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Meteorología
Las lluvias intensas no pueden provocar otro terremoto en Lorca
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13.11.12 - TOMÁS RODRÍGUEZ ESTRELLA

Ni el descenso ni la recuperación brusca de los niveles de los acuíferos han ocasionado hasta la fecha seísmos, tranquiliza el experto en Hidrología

LAS LLUVIAS INTENSAS NO PUEDEN PROVOCAR OTRO TERREMOTO EN LORCA

Paraje de la comarca del Guadalentín anegado tras las lluvias del pasado septiembre. :: ISRAEL SÁNCHEZ / AGM

El 8 de mayo de 2012 escribí en el periódico de 'La Verdad' el extenso artículo: 'La sobreexplotación del acuífero del Guadalentín no causó el terremoto', en contestación a unas declaraciones del geólogo Miguel Doblas del CSIC, que relacionaba el terremoto del 11 de mayo de 2011 en Lorca con la subsidencia que habrían provocado las fuertes extracciones de aguas subterráneas en dicho acuífero. En mi artículo, rebatía contundente esta teoría aportando numerosos datos y reflexiones, fruto de las investigaciones realizadas en este acuífero a lo largo de más de 40 años. No voy a repetir ahora de nuevo aquellas consideraciones, porque quien quiera conocerlas puede acceder fácilmente a dicho artículo.

En la presente ocasión, vuelvo a dirigirme al mismo geólogo, porque, según publica 'La Verdad' (7-11-12), ha afirmado que: «Las recientes inundaciones en la zona de Murcia podrían dar lugar a un nuevo terremoto en un corto plazo de tiempo, en Lorca».

Ante estas declaraciones he de decir lo siguiente:

1) Se trata de unas afirmaciones, en mi opinión, imprudentes, pues afectarán negativamente sin duda a una población todavía traumatizada, como es la de Lorca, que aún recuerda las escenas de pánico y dolor de hace apenas año y medio. No se puede lanzar una teoría, por muy original que ésta sea (que tampoco lo es, pues el tema de la hidrosismicidad se conoce hace mucho tiempo), desde Madrid o Canadá y mediante modelos matemáticos, sin pensar en las consecuencias que puede ocasionar, máxime si se trata de solo eso: una teoría. Los científicos que vivimos en la Región sabemos que tenemos que ser muy cautos a la hora de lanzar hipótesis sensibles.

2) Todos los sismólogos conocemos que no se puede predecir un terremoto y mucho menos decir que éste puede ocurrir «a corto plazo»; expresar esto es una temeridad.

3) El acuífero del Valle del Guadalentín, y en concreto el del Alto Guadalentín (que es donde se han registrado los mayores desperfectos durante el terremoto del Lorca), ha experimentado un descenso máximo del nivel del agua subterránea a partir del año 1960 (que es cuando se inician los bombeos), de 281 m., concretamente en la Estación de Puerto Lumbrera, pues allí existen varias baterías de pozos de explotación concentradas, que ocasionan un conoide depresivo. En el resto del acuífero, el agua está a una profundidad media de 225 m.

Sin embargo, antes de 1960, en el interior del valle existían lagunas saladas (de ahí viene el nombre de 'saladares'), que representaban el nivel del agua subterránea; es decir, que el acuífero estaba lleno.

Si consideramos 225 m. la profundidad media del agua subterránea en el acuífero y observamos la evolución de ésta en los sondeos de control de la CHS (que se inició en 1972), en la zona de El Esparragal se deduce que, entre 1960 y 1972, se produjo en estos 12 años un descenso de 111 m. (9,25 m/a de media); sin embargo entre 1972 y 2012 (40 años), el descenso fue de 114 m. (2,85 m/a de media). Por tanto, vemos que en el periodo 1960-72 el descenso del agua subterránea fue mucho más brusco (tres veces más) que durante el de 1972-2012 y, sin embargo, no sucedió ningún terremoto, y éste ha tenido que ocurrir cuando los descensos eran menores, incluso en los últimos 4 años están casi estabilizados en la mayoría de los pozos. Es más, entre 1579 y 1674, tuvo lugar una actividad sísmica muy importante en Lorca (cuyas intensidades estuvieron comprendidas entre VIII y IX) y, en ese tiempo, no existía sobreexplotación en el acuífero, ni siquiera explotaciones por bombeo.

Fenómenos atmosféricos excepcionales, como el ocurrido con la 'gota fría' del 27 de septiembre, han sucedido en otras épocas, incluso relativamente cercanas, como en el año hidrológico 1988-89 (el más lluvioso, al menos desde el 1940); como consecuencia de estas precipitaciones, el nivel del agua subterránea en el acuífero del Alto Guadalentín ascendió 22 m. en 1990; y, sin embargo, no sucedió ningún terremoto.

Hechos similares han ocurrido en el acuífero detrítico (de la misma naturaleza que el del Guadalentín) de la Vega Media del Segura (por la puesta en explotación de los pozos de la sequía), pues en el año 1984 se produjo un descenso en los niveles de agua subterránea de 3,5 m. y de 16,5 m. en 2008 (en ambos casos se produjo subsidencia del terreno); tanto en una ocasión como en la otra, los niveles se recuperaron por la acción del Río Segura (que alimenta a una parte del acuífero) y por el cese de los bombeos. Pero en ninguno de los casos, ni en el descenso ni en la recuperación, se han producido sismos.

Concluyendo, diremos que es cierto que el acuífero del Valle del Guadalentín ha experimentado, a lo largo del tiempo, descensos de niveles del agua subterránea pronunciados y continuados y también ascensos cortos aunque relativamente bruscos, como el acaecido en el 1990; que los descensos han originado una subsidencia en el terreno; pero que ninguno de estos fenómenos han tenido la envergadura suficiente como para originar un terremoto de la magnitud del de Lorca. Con este artículo no quiero decir que ya no vaya a haber más terremotos en la zona considerada, sino que no los habrá por este motivo. Ojalá cayeran lluvias generosas y pacíficas (no virulentas) y se consiguiera rellenar otra vez este acuífero, uno de los más sobreexplotados de España; pero esta hipótesis me temo que no va suceder en corto plazo de tiempo y, por tanto, la teoría de mi colega se quedará sin ser comprobada.